Homenaje a los escaladores Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, en el cincuenta aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

sábado, 2 de junio de 2012

ESCALADA AL ESPOLÓN SUROESTE DEL FIRE. JUNIO 1975

 De izquierda a derecha, Santiago y Rodolfo. Al día siguiente de escalar el espolón del Fire. Junio 1975.



 
Escalada al Espolón Suroeste del Firé. Junio 1975

   Creo que fue en ésta salida cuando, después de comunicar a Rodolfo que disponía de unos días de permiso para ir a escalar, solicitó en su trabajo que le dieran unos días de vacaciones y al no concedérselos, pidió la liquidación y se marchó. Aún no había pasado un mes desde que Rodolfo había cumplido 17 años.

 
    En el nº 38 de la revista de Montañeros de Aragón (marzo de 1979), en un artículo titulado “Riglos, Cincuenta Años de Escalada”, Fernando Orús, refiriéndose a los intentos que hicimos Rodolfo y yo para escalar el Firé, entre otras cosas escribió: “tendieron un verdadero sitio al Firé”.

     Naturalmente nuestro objetivo era escalar dicho espolón. Así, a primeros de junio, unos quince días después de la ascensión de la cordada Despiau-Battaia, volvemos a atacar la vía con provisiones para unos tres días. Llevábamos varios buriles y un burilador con sólo una broca, es decir, la puesta en el ramplús. En la 6ª o 7ª reunión, quizás al pie del muro rojo, intentamos meter el primer buril para reforzarla y cuando apenas llevábamos hecho la mitad del agujero, se rompió la broca, por lo que continuamos sin posibilidad de hacer una sola perforación.

 Primeros largos del Fire. Santiago. Junio 1975


   Hicimos vivac en las placas grises que hay bajo las tres canales, en el centro de la pared y al día siguiente, continuamos la escalada guiándonos con el impreciso croquis de que disponíamos. Escalamos varios largos más de la vía original, y en lugar de flanquear a la derecha para entrar al Torreón, nos dejamos llevar por la debilidad de la pared que asciende en diagonal a la izquierda. Abajo estaban los niños del pueblo que estaban siguiendo la escalada; Miguel, Toño … Nos gritaron que no era por ahí, que Despiau había ido a la derecha hacía sólo unos días. No les hicimos caso, continuamos la navegación que nos pedía la pared, ¡era tan evidente!

   Llegamos a una pequeña entosta y encontramos un buril y un clavo, tal vez de embarques anteriores y creo que hicimos reunión en ella. Quizás fue en éste punto donde intenté, por medio de una travesía a la derecha, pasarnos al Torreón pero un muro rojo totalmente vertical y sin posibilidad de protección, me lo impedía. Seguimos con unos pasos en artificial, por una placa que nos depositó en una exigua repisa bajo una panza y, sujetándonos en los estribos, hicimos reunión. La calidad de la roca es muy compacta pero por eso mismo, es muy difícil de pitonar, así que no nos quedó más remedio que montar la reunión con puntas de clavo, ya que era lo único que entraba.
 
    Siguió Rodolfo de primero y afrontando la panza directamente, consiguió colocar una melilla que quedó bien, ya que entró la mitad o poco más, fue el único seguro bueno en un largo de unos 25 ó 30m, de dificultad extrema y muy mantenido. Si Rodolfo se hubiera caído, hubiera sido muy fácil  que nos hubiéramos ido al suelo. En todo caso, la única opción de no despeñarnos hubiera sido la melilla.

 Espolón S.O del Fire. Rodolfo. Inicio del embarque a la "Variante de salida de Rodolfo-Santiago"



    Espolón S.O del Fire. Fisura de salida a cima. Junio 1975. Rodolfo Assas

   Llegamos a una pequeña repisa y a nuestra izquierda, remontamos una corta chimenea que nos depositó en una buena repisa, al pie de una larga fisura muy rota, al menos en su inicio. Siguió Rodolfo de primero arrastrando las tres cuerdas de 60m que llevábamos y cuando se le acabó la fisura y la cuerda, tuve que comenzar a escalar en ensamble para que pudiera llegar a un sitio donde hacer reunión, muy cerca ya de la cima. Llegamos al pueblo pasada ya la media noche.


 
Intento a la Serón-Millán. Junio 1975

    Descansamos un día y al siguiente, nos metemos en la Serón-Millán con provisiones para dos días.

    El primero o segundo largo tiene una panza muy pronunciada, totalmente rota y muy difícil. Lo escaló Rodolfo de primero con una habilidad asombrosa, hizo reunión bajo una panza muy pronunciada y alargada. Seguí yo de primero en flanqueo a la izquierda, bajando incluso un poco y donde el desplome era menor, ataqué recto. Posteriormente volví a la derecha hasta situarme como unos 4 ó 5 metros por encima de mi compañero, donde monté reunión. De ésta forma gané, como digo, no más de 5 metros en vertical en un recorrido de unos 16m. Desde luego, un largo “muy riglero”.

    Esto es todo lo que recuerdo de los pasajes de ésta vía. Llegamos a una buena cornisa equipada con dos “pes” (por Ursi y Julio Porta, creo), e inició Rodolfo el siguiente largo en artificial, que creo que era una fisura vertical, ciega y rota. Al intentar meter una pitonisa, le saltó en las gafas y se las rompió y como además hacía mucho calor, decidimos retirarnos.


 Rodolfo en la Serón-Millán. Segundo o tercer largo.Con Santiago. Junio 1975

 
No pudimos completarla, no fue posible. Hace poco hablé con Cintero sobre ésta vía y me dijo que, aunque nos quedaba una tirada complicada para llegar al collado, lo mas difícil y comprometido lo habíamos hecho. Fue un poco lástima ya que hubiéramos hecho la segunda repetición. De todas formas nunca nos importó demasiado, ya que tanto Rodolfo Assas como yo, siempre estuvimos  y seguiremos estando, orgullosos de haber tenido la suerte de vivir y participar, de una pequeña parte de la historia de éste fantástico lugar llamado los Mallos de Riglos y su precioso y acogedor pueblo.

    Posteriormente tuve la ocasión de hacer, con Daniel Guirles, una de las primeras repeticiones de la vía de La Risa en la Peña Don Justo.



                                                                         Santiago Hernández de Miguel          
                                                                                     Primavera de 2012









GUÍA SABOCOS-COMACHIBOSA
66 ITINERÁRIOS DE DIFICULTAD MEDIA-BAJA. PRÓLOGO DE FERNANDO ORÚS.
 Dedicado a Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en el 50 aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.









MARAVILLOSA COLABORACIÓN, SANTIAGO.
¡VAMOS AHORA CON OTROS ESPECIALISTAS! 

 
 Decano de los escaladores navarros, Gregorio Ariz Martínez, andinista e himalayista, fue el director de la expedición al Dhaulagiri8.172 m, que consiguió la cumbre en 1979.
Montañero universal, Gregorio siempre está al lado de la gente montañera, en las alegrías y tambien en los momentos amargos.
Su relato, fresco y desbordante de energía, narra su aventura en la cara oeste del Naranjo con ocasión de la XIII ascensión, en 1970.
¡Que se preparen sus nietos, aventuras con este "abuelito" no les van a faltar! Y de su "hermanito" José Ignácio, a primera vista un poco cabroncete sí que se le vé poniéndole "cuernos" a Gregorio en la cumbre del Naranjo de Bulnes. ¡Ostia los Áriz, eso sí que es una auténtica estirpe montañera! 

 



miércoles, 30 de mayo de 2012

CORDADA RODOLFO-SANTIAGO, 1974. ORDESA, GALLINERO. INTENTO AL ESPOLÓN DEL FIRE.

Espolón Este del Gallinero

 
                                                            TERCERA PARTE
                                                 
Ordesa.  El Espolón Este del Gallinero. Julio 1974


    En julio de ése año nos acercamos al valle de Ordesa para escalar el Espolón Este del Gallinero, la Rabadá-Navarro
    Habíamos llegado desde Riglos y a primera hora de la tarde nos encontrábamos en un pequeño vivac, un poco por debajo del comienzo de la vía y rodeados de tormentas con aparato eléctrico, que estuvo un buen rato descargando. A la vista de ésta situación decidimos volvernos a Riglos, y cuando teníamos ya las mochilas puestas para empezar a bajar, paró la tormenta y empezó a abrirse claros en el cielo, por lo que tomamos la decisión de meternos en la pared.

    Aunque la vía ya se había hecho sin vivac, seguramente por más de una cordada y teniendo en cuenta la hora que era, nos metimos con la idea de hacer noche en la pared, la cuál hicimos en la cuarta o quinta reunión, en una repisa.

    Al día siguiente continuamos la escalada  con buen tiempo y el pasaje del Techo Central, que es muy aéreo, es desde luego espectacular. Al final del flanqueo, pero antes de salir del techo, hay un pequeño nicho absolutamente volado, y recordé entonces lo que me habían contado en Riglos nuestros amigos maños y fue que durante la primera ascensión, habían hecho reunión en ése pequeño nicho. Es sin duda, una de las reuniones más aéreas de las que yo tenga conocimiento. Acabamos la vía sin más incidencias que una tormenta que se desató por la tarde, por la muralla donde discurre la Senda de los Cazadores al otro lado del valle, pero no nos afectó.

 
  
Primer intento al Espolón Suroeste del Firé. Enero 1975
                                                                                                             
   A primeros de enero me encuentro de nuevo en Riglos con Rodolfo Assas. Él ha venido de Madrid y yo desde Candanchú, pues dispongo de unos días de permiso. La primera vía que hacemos es El Carnaval, pues nos gustó tanto cuando la hicimos el pasado mes de abril que estimamos, que al ser tan vertical nos venía muy bien para ir calentando. Después hicimos una de las primeras repeticiones de la José A. Sanz al mallo Melchor Frechin y mas tarde, la cuarta o quinta escalada a la Norte del Puro. (Rodolfo y yo hicimos, en quince meses, tres veces la Norte del Puro, la 4ª, 5ª y 7ª ascensiones respectivamente) si no recuerdo mal, aunque no recuerdo las fechas exactas. Lo que si que recuerdo perfectamente es que, sobre todo la primera vez, nos pareció muy difícil y mantenida y que “aullamos” mucho, (como decíamos entonces).

Unos días después, sobre el 6 de enero, nos metemos al Espolón del Firé con provisiones para varios días. A partir del punto donde se separa de la Villar, la información de la que disponíamos no nos aclara mucho y la reseña que circulaba entonces, mejor ni mirarla, pues asustaba solo con verla.

 Primer intento al Espolón S.O del Fire. 4º largo. Santiago Hernández. Enero 1975.
 
   Llegamos con buen horario a dicho punto de separación, e inicié el siguiente largo de primero de cuerda. De la reunión flanqueé unos metros a la derecha, donde encontré una melilla muy sólida y bien pitonada. Pertenecía, creo, a Ursi-Ibarzo de su ascensión de hacía poco mas de siete años. A partir de aquí ya no pude seguir el flanqueo, por la dificultad que oponía la pared. Unos cuantos metros por encima de donde me encontraba y desplazado a la derecha, se encontraba un techo rojo, el cual se extendía de forma horizontal durante varios metros, también a la derecha, con un muro vertical debajo de él.

Primer intento al Fire. Santiago intentando uno de los primeros largos. Enero de 1975.

   De la melilla me dirigí en diagonal ascendente al comienzo del muro bajo el techo, para bordearlo y salir al filo del espolón. Lo escalé poniendo las manos en el ángulo que forma el techo con el muro, y los pies, en el mismo muro. Seguí  durante unos cuantos metros sin poder pitonar, todo muy difícil y mantenido hasta que llegué al final del techo, pero no podía colocar ningún seguro y me estaba cansando. Intenté colocar un pitón a la derecha de donde me encontraba, muy bajo, al otro lado del espolón, por lo que no tenía visión y muy forzado, conseguí colocarle y aunque no quedó muy fuerte, esperaba que sí lo suficiente para aguantar mi peso. Saqué un estribo y me colgué del clavo, y al hacer un movimiento se soltó, por lo que caí en péndulo unos 25m.
 Me golpeé en una pierna, sin más consecuencias que un pequeño dolor y algo de cojera durante unos días. Remonté a la reunión y al subir, me dí cuenta por dónde iba la travesía.
El pitón que aguantó toda la caída fue el de Ursi, que ni se había inmutado y justo a ésta altura, había que destrepar unos cuantos metros verticales hasta llegar al inicio de una entosta muy estrecha, que se alarga a la derecha y se sigue hasta una fisura que te deposita en un pequeño nicho, a la altura y cerca del comienzo de la fisura conocida como “La Cicatriz donde se hacía reunión, ya en el canto del espolón. 
 
    Atacó Rodolfo el largo que es verdaderamente “muy Riglero” y llegó a la reunión sin problemas, pero al ser una travesía sobre una pared redondeada, nos llevó mucho tiempo pasar el petate a la reunión, pues rozaba mucho. Escalé la travesía y me reuní con Rodolfo. Me dolía un poco la pierna porque se había enfriado, así es que decidimos dar por terminada ésta “batalla” pero no la “guerra”, pues  pensábamos volver tan pronto como pudiésemos.
   En el pueblo habían visto mi caída, y como pensaban que podría haberme herido, la señora María nos preparó en una habitación, una cama para el accidentado. Afortunadamente no hizo falta. Volvimos a su casa y al rato de llegar, Rodolfo se tumbó en dicha cama (la del “muerto” la llamábamos), y poco después entró la señora María y al encontrarle tumbado exclamó: -¡pues no te jode el “Rubio Malpelo” (así le llamaba siempre que le regañaba), que entro a la habitación y le encuentro largo y tendido con sus cojonazos!

Santiago Hernández
 Santiago en la Norte del Puro, con Rodolfo. 4ª Ascensión, 1974 o 75.






HABLANDO DEL GALLINERO
 Mayo de 1978. Diedro de la Avalancha
Justo a la izquierda del esbelto espolón se alza el formidable "Tridente de Cotatuero". Aquella pared me llamó la atención con ocasión de una repetición a la "Anglada-Cerdá" del Gallinero. Al primer intento con Francisco Almenar, "Royo", y Pascual Sisamón, no pudo ser. Yo estaba en la mili y tuvimos que bajarnos tras subir un centenar de metros. Volví quince días más tarde con Javier Escanero y resolvimos aquel precioso "Diedro de la Avalancha", noble y atlético, en Vº y V sup. Le pusimos ese nombre por una hermosa colección de bloques que cayeron de lo alto. Por suerte estábamos bajo un techo, en una reunión sobre estribos. Si llega a caer cuando estábamos en la base encordándonos ¡nos liquida!

 
 DESDE RUSIA RECIBIMOS UN MENSAJE DE AFECTO DE NUESTRO COMPAÑERO RODOLFO ASSAS
 
Querido Amigo Jesús.

Ha sido para mí una sorpresa el volver a saber de ti. Después de todos los años pasados veo que has formado una familia y te felicito por ello. Hoy en día es algo raro ser como Dios manda. Como te dije te remito unas palabras para tu blog y homenaje a Rabada y Navarro.
Cuando comencé a conocer la personalidad de aquella cordada, dirigida por Alberto (Edil), una especie de nombre que quiere decir recto, directo quede totalmente fascinado por su espíritu de pionero, en dirigir su mirada a las paredes más insólitas y bonitas de España, siempre estaba dispuesto a conocer más de sus vidas de sus aventuras, recorrer sus escaladas, ver los sitios que ellos vieron, andar por los caminos esforzados que ellos anduvieron, sus itinerarios con esas  travesías tan peculiares de los geniales escaladores que fueron. Aprendieron en los Mallos de Riglos, fueron gentes sin complejo ante la verticalidad, siempre lógicos en sus trazados. En aquel tiempo solo tuve un pesar no haberles conocido en persona, pero en sus escaladas estaba aún presente algo de ellos, sus clavos, sus pasos, la soledades de aquellas fisuras, la grandeza de las cumbres que escalaron juntos hablan mejor que nadie de los mejores escaladores que ha dado España, Alberto Rabada y Ernesto Navarro. Pienso que hoy en día no se pueden entender los sentimientos que nos hacían escalar como escalábamos y en la forma que lo hacíamos. Yo conocí esas generaciones de escaladores natos formados por sus sueños, lejos de los gimnasios y la sofisticación con manos duras y arañadas, vestimentas sencillas y gastadas, cuerdas llenas del aroma a piedra, allí donde se encuentra esto siempre estarán Rabada y Navarro. Un saludo muy grande a mis entrañables compañeros y amigos los escaladores maños, os quiero y recuerdo.

 Rodolfo de Assas.
 





domingo, 27 de mayo de 2012

TRECE AÑOS ANTES. RELATO DE ALBERTO RABADÁ


Al hilo de los recuerdos relatados tan intensamente por nuestro amigo Santiago Hernández, el formidable alpinista madrileño, insertamos a continuación el artículo que Alberto Rabadá redactó para su club, Montañeros de Aragón, con motivo de la primera ascensión de esta, la obra maestra de nuestra cordada aragonesa en 1961. El texto nos ha sido facilitado por Alberto Martínez Embid, escritor y alpinista.

 
RABADÁ SENDER, Alberto, “Mallo Fire: primera cara Sur”, en: Boletín de Montañeros de Aragón, 67, enero-marzo de 1962.

            “Por tercera vez, vamos a enfrentarnos con la grandiosa pared sur-este del Fire, el que contemplamos en aquel amanecer del día del Pilar flotando sobre el mar de nubes, lo que contribuye a darle un aspecto más impresionante si cabe. Con Navarro de compañero de cordada, avanzamos hacia el coloso, que se yergue con una vertiginosa verticalidad, dominando esbelto las laderas circundantes. Hemos preparado nuestro equipo a base de bien y en la intendencia incluimos un pollo con el que celebraremos el día, observando que, como el vino, también gana con la altura. Sumamos a la pesada impedimenta, aparte de la cámara fotográfica, un tomavistas con buen surtido de película, con la que pensamos filmar los pasos más interesantes.
            ”Tras un rápido inventario (a ver si todo está en orden), comenzamos la escalada, que coincide con la vía de la cara Oeste por el extraplomo inicial –bastante serio– y la larga travesía horizontal, por la que, rebasado un espolón, se hace difícil entenderse. Afortunadamente, algunos compañeros madrugadores están al pie del mallo y, haciendo de eco, conseguimos solucionarnos. Más tarde, el grupo aumenta y, desde una cornisa, puedo contemplar la expectación: Terrer con sus agregados, que ha venido desde los chalets de la estación; Vidal, nuestro asesor-jefe en lo del tomavistas; y la para mí siempre amenazadora figura de Ramón el Galletas, quien, cachaba en ristre, parece querernos decir que, como no tengamos ojo con la pared, lo vamos a tener que tener con él.
”Abandonamos la vía Villar que, con el en estos momentos averiado Villarig, repetí hace dos años, comprobando que, a pesar de estar poco frecuentada, es una de las más interesantes de Riglos por su variedad. Desde el punto donde nos encontramos, superamos un tramo muy liso de pared compacta, donde Navarro, en el primer intento, tuvo una caída, por lo que, pasado el primer susto, solo nos preocupamos de si Vidal, que seguía la escalada, habría podido filmarla con su tomavistas. Procuro desechar de mi pensamiento la caída de Navarro y prosigo el delicado paso a libre, hasta que una fisura ya conocida de las otras veces, me brinda ocasión de colocar una segura escarpia. Continúo la fisura y, poco más arriba –al desaparecer–, tengo que bordear la panza (que muere en un paso que requiere toda la atención), hasta que alcanzo una cornisa formada por una laja semi suelta que da la impresión de ir a soltarse del todo al poner los clavos de seguro para la reunión.
            ”Una vez ha llegado Navarro, que ha tenido que subirse la panza directamente, inicia el siguiente largo sobre mis hombros, pisoteándome a placer. En este largo evitamos, yéndonos a la izquierda en un aéreo flanqueo, la fea fisura diagonal que bautizamos la cicatriz, aparente línea de ataque vista desde la base, pero que a su altura se ve impracticable. Navarro desaparece de mi vista, avisándome de que sigue a libre; por mi parte, pongo toda la atención en la maniobra, pues, por experiencia de los anteriores intentos, sé que las cuerdas no corren bien, dificultando la progresión de mi compañero. Por fin, alcanza una cornisa y recupera la despensa, atendiéndome a mí a continuación, que paso recuperando el material. Es bastante tarde cuando alcanzo la cornisa en la que decidimos instalar el primer vivac, satisfechos de poder aligerar en parte el pesado petate. Luego, sacándole el mejor partido posible a la estrecha cornisa, arrebujados en las chaquetas de pluma, nos disponemos a pasar la noche.

”Sobre las seis de la mañana, tras haber dormido toda la noche de un tirón, prosigo, desplazándome a la derecha por la misma cornisa del vivac, hasta una panza que supero con ayuda de un pitón; sobre ella, subo en diagonal un muro bastante liso que se extraploma al final. Logro superar dicho extraplomo con cuatro malos clavos y preparo la reunión. La siguiente tirada, a cargo de mi compañero, comienza –cómo no– a base de pisotearme los hombros; luego, en un alarde de equilibrio, supera una panza, siguiendo por un diedro descompuesto, del que hay que salirse en un difícil flanqueo. Al final de éste llega a la repisa donde dimos la vuelta en el segundo intento. Colgado del clavo de rápel (¡vaya clavo!), estudio la continuación del itinerario desconocido desde aquí. Por encima de la panza, en cuyo borde estoy suspendido, otra más saliente cierra el paso, siguiendo un trozo de pared por la que calculo se podrá progresar más rápidamente; una tercera panza cortada por una fisura y la perspectiva achata el resto de la pared visible. Supero los dos primeros extraplomos difícilmente (la pared no me ha engañado) y salvo el trozo liso con más facilidad. Finalmente, tengo que subir la fisura del final utilizando métodos nada académicos y, tras hacer bastante fuerza, consigo encaramarme en una repisa al pie de un muro de aspecto más fácil, por el que sube Navarro en un rápido largo de cuerda.
            ”Nos reunimos en un rellano al pie de una panza –¡panzas y más panzas!–, surcada por tres chimeneas, a cual más fea. Tenemos que deliberar cuál ha de ser la que sigamos y cómo alcanzarla, cuando nos decidimos por la central. Después de varios infructuosos intentos de llegar a ella de frente, lo logro dando un rodeo por la derecha, sin que la cosa sea mucho más fácil, a base de paciencia y de fiarme de unos pitones más bien malos. La chimenea, salvo una sabina a la mitad en la que se nos engancha el petate, no ofrece otro problema que un techillo al final, el que da salida a una pared de excelente roca, lo que hace prorrumpir en exclamaciones de gozo a Navarro a medida que la va subiendo. Mi aviso de que no le queda cuerda lo sorprende en un estrecho resalte, donde visto que el día toca su fin, se decide preparar el segundo vivac. Resulta agradable poder relajar los músculos y ceder en la constante tensión nerviosa que la escalada requiere. Veo sonreír a Navarro satisfecho mientras va trasegando cosas del petate al estómago; luego, saciados, contemplamos la aparente miniatura del paisaje a vista de pájaro, mientras esperamos el reparador sueño, que por la confusión de recuerdos no debió tardar en venir.

Continuará.-

PEÑA GABACHA. UN CASTILLO CALCÁREO
AL PIE DE LA PEÑA TELERA. 
 En otoño de 2000 exploré con amigos a los que fui "engañando", las ásperas vertientes de este curioso torreón que hace de gigantesco "hito" entre los puertos de Acumuer y Biescas.
La vía "Poppy" dedicada a un perrito que tuve está asegurada con sólidas clavijas y ya ha sido escalada en unas cuantas ocasiones.
 
Por el contrário, la cara Este sortea un caos de bloques en equilibrio inestable. Decidídamente no se la recomiendo a nadie. No obstante, si alguien desea intentarla, por favor, que me avise con antelación para encargarme un traje negro, je, je.
  Va, en serio, ni se os ocurra meteros allí. 




CONTACTOS PREVIOS AL HOMENAJE
Continuamos recabando apoyos para que clubs de montaña de toda España organicen actos y actividades de homenaje a la memoria de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro. Los entusiastas montañeros del club "Torrecerredo" de Gijón consiguieron ayer subir por fin el Aneto despues de algunos intentos. Está simpática y activa sociedad asturiana lo va a tener en cuenta a la hora de concretar su calendário para el año 2013. Mientras tanto, prosigo infatigable mi árdua labor de "relaciones públicas" ampliando sin cesar el círculo de admiradores de la cordada aragonesa, y cualquier momento es oportuno, como este mismo, en la cumbre de los Pirineos.

 
 Y la pregunta es esta: Tantas bellezas por aquí por la cordillera,
¿No tendrá algo que ver con el "derretimiento" de los glaciares?

Hasta luego, amiguetes.





jueves, 17 de mayo de 2012

CORDADA RODOLFO-SANTIAGO. VÍA CARNAVALADA AL PISÓN. 1974

Rodolfo, primer largo del Carnaval. Abril 1974.





    A finales de 1973 visité Riglos con un amigo de Madrid, Álvaro Graíño. Me había presentado voluntario en la Escuela Militar de Montaña de Jaca, para hacer la mili en la Compañía Escaladores-Esquiadores destacada en Candanchú, en la que iba a ingresar el 15 de abril siguiente. Como el viaje desde Madrid por tren me lo pagaba el ejército, solicité al mando en Jaca que me hiciera un transbordo en Riglos, para poder visitarlo a la vuelta.

    Quedé impresionado a la vista de los Mallos, al pie de sus ciclópeas paredes. No conocía casi nada de la historia de la escalada en Riglos. Ni siquiera conocía la existencia de un mallo llamado Pisón,… ni Puro,… ni aún por fotos. Sólo conocía de forma vaga la historia del Espolón Suroeste del Firé, (vía Félix Méndez ó Rabadá-Navarro). Considerada entonces la escalada en roca mas difícil de España, venía avalada además, de un muy alto grado de exposición.  Llevaba abierta hacía poco más de doce años y sólo tenía una repetición, en octubre de 1966 es decir, hacía ya siete años. Dos expertos rigleros fueron sus autores: Ursicinio Abajo y Jesús Ibarzo.
 
    Por aquéllas fechas no había casi nada de divulgación de la montaña, y mucho menos de un sitio tan especializado como Riglos. Los escaladores de la zona centro habían hecho algunas vías como la Pany-Haus, el Adamello o la Sur del Puro, generalmente con escaladores maños, pero no se habían acometido escaladas de mayor envergadura. De Riglos se decía entonces que era la “universidad”, en lugar de una “escuela” como Achxarte, Monserrat o la Pedriza, por poner un ejemplo.
 
Desde la desaparición de Alberto y Ernesto en 1963, la actividad aperturista en Riglos decayó un poco. Se abrieron vías como Vía de Verano al Pisón (1964), José A. Elola o Carnavalada (1965), José A. Sanz al Frechin (1971) y algunas mas, pero los grandes y comprometidos itinerarios apenas se repetían, principalmente Serón-Millán al Pisón (1957), Norte del Puro (1960) y el Espolón Suroeste del Firé (1961), las cuales tenían dos, tres, y dos ascensiones respectivamente y estaban absolutamente mitificadas (con razón). También había otras vías, algunas muy buenas, que tanpoco se repetían apenas como por ejemplo la vía de La Risa en la Peña Don Justo (1961), muy comprometida, difícil y con solo tres o cuatro ascensiones. Es decir, otro verdadero sexto grado de la época. Tal era el panorama en Riglos a finales de 1973.

    Un chico de Zaragoza, Soguero, nos estuvo enseñando los Mallos y en la era, al pie de la cara suroeste del Pisón, nos informó de que por todo el centro de dicha pared discurría una vía llamada La Carnavalada o El  Carnaval, que así también se la llama la cual, hacía ocho años que había sido abierta por la cordada Ursi-Ibarzo y contaba hasta la fecha, con unas doce ascensiones según el libro-registro del bar existente en Riglos, creo que la mayoría de ellas con un vivac en pared. Me gustó tanto, que enseguida tomé la decisión de hacer un intento de escalarla en cuanto me fuera posible.
 También hicimos, con Soguero de guía, una vía muy sencilla al Mallo Colorado, creo que la Sureste Clásica
 
 Rodolfo llegando a la entosta. Carnavalada. Abril 1974.



 
La Carnavalada y otras vías. Abril 1974

    Pasó el invierno y en la primavera siguiente, a primeros de abril, me presenté en Riglos con mi amigo y compañero de cordada Rodolfo Assas.

    Habíamos ido en el “Canfranero” hasta Riglos “apeadero”, aunque en Zaragoza sacábamos billete hasta Riglos “estación” (la anterior), pues si decíamos que íbamos al pueblo de Riglos nos cobraban hasta la Peña, que es la estación siguiente. Nos acercamos a la era con los “armarios” a la espalda. Íbamos para quince días y llevábamos mucho material y allí nos encontramos y conocimos a Ángel López “Cintero”, antiguo compañero de cordada de Rabadá y además, su cuñado.

    Tuvimos la suerte y el acierto de informarnos a través suya de los pormenores de La Carnavalada, ya que éste, era nuestro objetivo y además, nos enseñó el nudo Édil para encordarse con la misma cuerda de escalar, a los muslos de las piernas. Éste nudo lo había inventado Alberto Rabadá, a quien llamaban Édil y lo usamos al día siguiente, en lugar del viejo boudrier de pecho, fabricado por nosotros mismos con cuerda vieja. Por supuesto, nosotros pensábamos que si lo había inventado Rabadá, no podía ser malo.
 Santiago llegando a la entosta. Encordados con el nudo Edil. Abril 1974

    Como se estimaba que para hacer El Carnaval lo normal era hacer un vivac en pared, nos metimos a la vía al día siguiente, hacia el mediodía, pues creíamos que el único sitio aceptable para vivaquear era en la Entosta que se encuentra en mitad de la pared, al principio del largo desplome que se prolonga continuo durante al menos dos largos. Llevábamos tres cuerdas de 60m. de 9 m/m y una mochila que izábamos con la tercera cuerda, para no tener que cargar con el peso de los sacos de dormir y demás cosas necesarias.
  Santiago en la entosta. Carnavalada. Abril 1974.

 
    Llegamos a la Entosta donde nos aburrimos de esperar a que anocheciera y al día siguiente, continuamos la escalada. Sobre la una o dos de la tarde, cuando nos quedaban unos tres largos para llegar a la cima, nos cogió una fuerte tormenta con aparato eléctrico que le pilló a Rodolfo escalando de primero y lloviendo, en una tirada con pasos de artificial  que tenía salidas a libre obligadas y difíciles. Tuvimos que hacer un segundo vivac en un pequeño nicho bajo un desplome, en las canales de salida. Pasamos algo de fresco por la humedad de la lluvia que nos caló, pero fue un vivac absolutamente fantástico, con las luces del pueblecito de Riglos abriéndose paso entre la niebla, hacia nosotros.
 Rodolfo, penúltimo largo (original) del Carnaval. Abril 1974.

    Al día siguiente, nos pasamos a la canal de la derecha por la llamada cornisa Edílica. Inicié la siguiente tirada que remonta una panza, y al agarrarme a un bolo grande para salir del desplome en un paso muy fácil, se desprendió dicho bolo y salí volando por encima de la panza unos dos o tres metros sin consecuencias, me incorporé enseguida y acabé el largo. Terminamos la vía e iniciamos el descenso a rápeles sin más contratiempos.
 Tormenta en el Carnaval. Rodolfo en las canales de salida. Abril de 1974.

 
Ésta fue nuestra primera escalada en Riglos que desde luego, no nos dejó indiferentes.
    Los días siguientes hicimos la Sur del Puro, que es su vía normal, la Pany-Haus al collado del Pisón y el Espolón del Adamello en el mismo macizo.

    Desde el principio, nos hospedábamos en casa de la señora María y el señor Mariano, que por aquéllas fechas era el cartero del pueblo. Hacíamos las comidas con ellos en la misma mesa y nos trataron siempre muy bien, como si fuéramos sus hijos, con lo cuál y como es lógico, siempre les estamos y seguiremos estando muy agradecidos por su sincera hospitalidad y el cariño que siempre mostraron hacia nosotros. Además para completar nuestra felicidad, vivíamos en la misma casa donde se habían hospedado habitualmente nuestros ídolos desaparecidos hacía poco más de diez años: Alberto y Ernesto, así como sus amigos y compañeros de montaña.

   Hicimos también una de las primeras repeticiones de la vía Villarig a la Aguja Roja, y un intento a una vía mítica de Rabadá y Navarro en la Arista Norte del Puro la cual, como ya he dicho, tenía por entonces sólo tres ascensiones, muchos intentos, y alguna larga caída. La intentamos con Fernando Orús y Valentín Asensio de Zaragoza, pero no logramos subir mucho a causa de un mal entendido un tanto cómico que nos hizo perder mucho tiempo. También hicimos, solo para probar, el primer largo del Espolón Suroeste del Firé.
 Rodolfo en la Carnavalada. Enero de 1975.


 
    En el libro-registro del bar, anotábamos todas las ascensiones y los intentos serios que hicimos de algunas vías, y como desde el principio manifestamos nuestro juvenil  deseo de intentar hacer la 2ª repetición del Espolón del Firé, un joven escalador de Zaragoza parodiando a una revista de la época llamada Hermano Lobo, escribió en el libro lo siguiente: “Lobito, lobito, ¿Cuándo subirán los madrileños al Firé?” y dibujó el lobo de la misma manera que aparecía en la revista, en el que se leía “¡Aúuu!” y a continuación escribió, “¡Temblad paredes, que vienen los hijos del Tudela!” No firmó el “trabajo”, pero andando el tiempo, unos nueve meses después, cuando ya habíamos hecho varias escaladas bastante difíciles y comprometidas, sí hicimos un intento serio a ésta vía durante el cual, al final del primer tercio sufrí una larga caída en péndulo sin consecuencias y entonces, al final de nuestra anotación del intento en el libro, añadió: “suerte a la próxima” y lo firmó.
 
    El 15 de abril me incorporé al ejército y durante el resto de ése año 74, en algunos permisos, seguí escalando en Riglos en los que tuve ocasión de hacer con unos amigos maños, la vía Luis Villar al Firé (1958) en su cara oeste, creo que hicimos la 4ª ascensión mas o menos. Hice algunas escaladas más quizás con Rodolfo, pero no lo recuerdo. Me gustaría  consultar el libro-registro de la época.


Santiago Hernández





TRIGLAV 2.864 m (Eslovenia)
ÉXITO DE FÉLIX Y MÓNICA.

 Una cumbre escarpada y difícil de conseguir, pero nuestros dos amigos, esa parejita de tenaces escaladores, no se han dejado amedrantar por las severas condiciones de la montaña, la falta de huella y otros inconvenientes. Desde el blog del Homenaje a Rabadá y Navarro recibid nuestras más intensas felicitaciones.


EL BLOG TIRA COMO UN COHETE.
¡¡CAMINO DE LAS DIEZ MIL VISITAS!! 
Cotiella (Sobrarbe)

Desde EE.UU hasta Uruguay, pasando por México, Colombia.
Rusia y resto de los paises de Europa, tambien Japón, casi una buena treintena de paises nos visitan a diario. No me podía imaginar que promover un homenaje a Alberto Rabadá y Ernesto Navarro iba a dar tanto de sí en poco más de cinco meses. Los apoyos se suceden y muy pronto presentaremos aquí en el blog el programa preliminar en el que destacará la participación de una cuidadosa y escogida selección de alpinistas, de España, y de Aragón, por supuesto. Es un camino tranquilo, sosegado y reconfortante. El terreno es firme y sólido. La ruta hermosa, como una arista de nieve. Hasta lueguito. 

  PERSONAJES INOLVIDABLES DE NUESTRA JUVENTUD.
"Rata" (César Cavero), "Guti" (Luis Gutierrez, presidente del G.A.M), "Cabezón" (Luis Morente) y
"Moskito" (Antonio Sánchez).
¡¡¡ y la cárcel vacía!



 



 







 

            




viernes, 11 de mayo de 2012

GRINDELWALD LOS RECUERDA


Cher Monsieur Vallés

Merci de votre gentille letter et votre demande concernant l'utilisation d'un emblème représentant Grindelwald et l'Eiger.
C'est avec plaisir que nous mettons à votre disposition l'emblème ci-joint, afin que vous puissiez l'utilier pour votre brochure, lors du 50ème anniversaire comémoratif de la mort de vos deux alpinistes Alberto Radabà et Ernesto Navarro, qui aura lieu en Octobre 2013.

Dès aujourd'hui nous vous souhaitons une très belle fête et vous faisons parvenir nos meilleures salutations.


Sylvia Gfeller
Leiterin Fremdenkontrolle


 MEZALOCHA Y GRINDELWALD, PRINCIPIO Y FINAL

De la Peña del Moro al helero de La Araña, porque Alberto Rabadá y Ernesto Navarro aprendieron a escalar en Mezalocha y fueron a morir a Grindelwald. Por esta singladura vital, un modesto pueblecito del Aragón profundo comparte la emoción y la simpatía por el recuerdo de los dos escaladores zaragozanos con un centro de referencia en el alpinismo mundial. Afecto y comprensión es el sentimiento vívido y sincero de unas gentes que saben de ilusiones, de proyectos, y tambien de tragedias cuando los elementos adversos se ciernen sobre la frágil condición humana. Gracias Mezalocha, gracias Grindelwald. 



PRESENTACIÓN NOVEDAD EDITORIAL


   
Miércoles, 23 de mayo de 2012. A las 19'30 horas.
Sala del Ámbito Cultural. El Corte Inglés.
Paseo Independencia, 11, 3ª planta. Zaragoza.  



Han pasado más de veinte años desde que llevé a Eduardo, trabajador del Parque Nacional de Ordesa, a subir sus primeros picos de tres mil metros en el macizo de Monte Perdido. La cosa se dió bien. Comenzamos en el Casco y a continuación la Torre de Marboré. Un almuerzo en el Collado de la Cascada antes de acometer la trepada por los tres picos, Occidental, Central (Brulle) y Oriental, (pasos de IIIº) y luego la Espalda del Marboré y el gran mazacote del Marboré. ¿ Bien no?, pero nos faltaba la guinda, así que llaneámos bajo el Cilindro para rematar la faena subiendo al Monte Perdido. Eduardo estuvo fenomenal porque tuvímos que apretar a correr para pillar el último autobús a Torla.
Seguro que las excursiones de este libro, que él ha escrito junto a su hijo Lukas de 8 años, serán más suavecitas, ¡eh! 

 Picos de la Cascada (Ordesa-Gavarnie)

Bueno, amigos del blog, aquí teneis la invitación para asistir a la presentación del libro:




PROYECTO CIMAS DE ESPAÑA

Peña Vieja, 2613 m de altitud es la cumbre más elevada de Cantabria en el sector central de los Picos de Europa. El camino de la ruta normal, tallado en la roca, presentaba un talud de nieve de 60º de inclinación, por encima de una barrera de cortados. Un corredor de nieve me pareció una alternativa mejor. Arriba en la brecha conseguí ubicar mi objetivo entre la niebla. A la vuelta es imposible perderse. La soberbia aguja de la Canalona constituye un mojón inconfundible.

   

miércoles, 9 de mayo de 2012

CORDADA RODOLFO-SANTIAGO. EN LOS PICOS DE EUROPA.

Foto: Isidoro R. Cubillas


Picos de Europa. Arista del Jiso y Oeste del Naranjo. 1973                                                                                           
                                            
    En Atocha, había un club de montaña que se llamaba los Salesianos de Atocha, y allí nos reuníamos por ésas fechas muchos escaladores: Santiago Pino, Javier Avellano, Rafa Domenech, Carlos Canet ( Nerón), Miguel Canet, Agustín Arrabal, Jesús Gutiérrez ( Pluto), Daniel Guirles, Miguel A. Mora (Biafra), Marisa Montes, José L. Ortiz ( Tronco), Paco Aguado ( Calavera) … y muchos amigos que se incorporaron mas tarde como Luis Campos (Luiso), Ramón Portilla y algunos mas.

    A finales de junio nos vamos un par de semanas a escalar a Picos de Europa, con el objetivo de hacer la Arista del Jiso y la Oeste del Naranjo o Rabadá-Navarro. Aprovechamos el viaje de ida de un autocar que había puesto el Atocha a Espinama, con motivo de un puente de varios días. Hacía sólo unos días que Chema, un amigo de Rodolfo de Cuatro Caminos y otro amigo, se habían metido muy temprano al Jiso con las fundas de vivac para intentar hacerlo en el día; durmieron muy alto en la pared y al día siguiente la acabaron. Los seiscientos metros de arista, la gente con experiencia estaba claro que los hacían ya entonces sin vivac, pero no era nuestro caso.
 
   Rodolfo y yo era la primera vez que íbamos a Picos y apenas teníamos una ligera idea de cómo se llegaba al pie del Jiso. Nos subió un camión a los prados de Áliva y llegamos medio despistados al collado de Cámara, totalmente envueltos en la niebla. La estrategia era la siguiente: bajamos del collado y buscamos el pie de vía, un vivac y agua, nos acostamos pronto y mañana, con las primeras luces del día y un par de fundas de vivac, nos metemos a la vía a ver si la sacamos sin vivac. Creemos que sí, pues ya sabemos que no es tan difícil como decían los croquis que circulaban por ahí.

    Bueno, pues estábamos cerca del pie de vía buscando el vivac, cuando de pronto,  entre la niebla, oímos un ruido familiar para nosotros; el inconfundible sonido que hacen las clavijas, estribos y mosquetones cuando alguien va andando, y al ir colgando, chocan entre sí. De pronto, aparecen dos escaladores veteranos, de unos treinta y tantos años, navarros o vascos. Eran más de las dos y media de la tarde y Rodolfo y yo, pensamos que quizás vienen de escalar por la zona y vuelven al vivac, pues deben de tener por aquí sus mochilas.

    Nos saludamos y nos dicen que van al Jiso. Les preguntamos si tienen sus cosas en un vivac por aquí cerca, pensando que se meterían a la vía al día siguiente temprano y nos dicen para nuestra sorpresa que no, que van a la vía ahora mismo, con la idea de acabarla antes de que anochezca. Rodolfo y yo nos miramos durante un segundo con una sonrisa de complicidad, y sin pensárnoslo dos veces, les dijimos a la vez ¡ah, pues nosotros también!
 
   Empezamos la vía detrás de ellos, a las tres de la tarde. Llevábamos dos cuerdas de 60m., yo llevaba unas cletas dos números por encima de mi talla, que era lo único que tenía y la suela, que era de una marca llamada Cervino, era mas dura que la madre que la parió, pero bueno, en la caliza de Picos me hacía el apaño. Éstos muchachos, además de tener mucha mas experiencia que nosotros, estaban muy entrenados y probablemente, ya habían hecho la vía anteriormente. Nos esperaron varias veces y de lo que mas me acuerdo, es que íbamos recuperando cuerda a toda prisa  cuando subía el segundo de cordada, que era lo que mas nos cansaba. Acabamos juntos la vía a las ocho de la tarde, nos bajamos a vivaquear a pie de vía y nunca volvimos a ver a éstos escaladores. Poco después me enteré por “El Químico” que anteriormente, ya una cordada había hecho ésta vía en tres horas y cuarenta minutos o menos, y creo que me dijo que era vasca.                                                                                                   
  
    Al día siguiente hacia mediodía bajamos a Espinama, y como se suponía que durante todo ése día estaríamos haciendo la vía, algunos compañeros de viaje que estaban por el pueblo, se sorprendieron al vernos y cuando les dijimos que ya la habíamos hecho, nadie nos dijo nada, pero después nos enteramos de que mas de una persona no se lo había creído.
En el centro el Jisu con su arista.

   A los pocos días, por la mañana temprano nos encontramos al pie de la Oeste del Naranjo. En el inicio mismo de la vía, había una placa a la memoria de Pachi Berrio y Ramón Ortiz, en recuerdo de una epopeya de hacía poco mas de cuatro años, digna de todo el respeto de la comunidad montañera hacia estos admirables escaladores. Esto ayudaba a afrontar la escalada con humildad, si es que no ibas ya con ésa predisposición.

Cara oeste del Naranjo de Bulnes.
Foto: Santiago Hernández.



   Hicimos un vivac en Rocasolano, arriba del Gran Diedro. Nos faltó algo de material, llevábamos varios mosquetones de hierro además de los de aluminio  y aún así, en el tercer largo original, nos faltaron. Pasamos mucha sed porque perdimos una cantimplora llena de agua, y salimos muy cansados pero muy satisfechos por haber podido hacer ésta fantástica y mítica vía. Tanto para Rodolfo como para mí, éste fue nuestro primer vivac en pared, después vendrían más.

Ernesto Navarro (en los puros huesos), y
Alberto Rabadá, tras escalar la cara oeste
del Naranjo de Bulnes. Verano de 1962.
 



miércoles, 2 de mayo de 2012

DESDE EL REFUGIO RABADÁ Y NAVARRO EN JAVALAMBRE

Agazapado entre pinares, praderas y sabinares, el refugio "Rabadá y Navarro" ocupa un amplio rellano en la vertiente oeste de la Sierra de Javalambre, a 1.450 metros de altitud. Una parte considerable de su actividad invernal gira en torno a la estación de esquí instalada en la cumbre. Es una magnífica opción para alojarse allí y disfrutar de la hospitalidad y buen hacer de Javi, Dani y Saray. El refugio es moderno, limpio y muy confortable, la cocina es cuidadosa y pronto surge la tertulia con los guardas mientras el sol se esconde perezoso al atardecer.
Manolo, Jesús y yo hemos remontado la larga y tendida ascensión desde la Puebla de Valverde. Son paisajes abiertos, no exentos de emociones cuando se han de atravesar extensas fincas de vacas bravas y toros de lidia. Más arriba somos obsequiados con pequeñas borrascas primaverales de lluvia, nieve y granizo. En la cumbre hace un frio que pela. Han sido 20 kilómetros de recorrido, mil metros de desnivel y cinco horas de caminata. La visibilidad es nula y nos tiramos monte abajo por la G.R para llegar al refugio en un par de horas más.
Al dia siguiente la marcha será dura, unos 35 kilómetros hasta llegar a Teruel por el valle de Camarena y despues atravesando espacios áridos y erosionados hasta conectar con la senda fluvial del Turia. Ocho horas en total, recompensadas con una opípara comida en un restaurante de la plaza del Torico. Han sido dos días de actividad intensa en casi total soledad. Teruel existe, ¡vaya que sí!
Hemos invitado al guía Javi a visitar los Pirineos. Piensa recorrer la "Senda de Camille" para conducir posteriormente a unos amigos clientes. Muy bien, Javi, ya te acompañamos y te la aprendes.
Este joven valenciano que regenta el refugio se siente comprometido con rendir homenaje a la memoria de Rabadá y Navarro en el 50 aniversario de su muerte. Pues claro que sí, pienso que podemos iniciar el año de Rabadá y Navarro con una buena raquetada por la sierra, un pequeño seminario sobre la cordada aragonesa, alguna de las peliculas y como no, una buena cena de hermandad. Para los que no la conozcais, será una estupenda oportunidad de visitar esta regíon montañosa en los confines de Aragón. Vamos a ver de que asistan montañeros de Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Teruel, para que la cosa vaya tomando fuerza ¿Qué os parece chicos?  


                            NUESTRO AMIGO CHRISTOPHE NOS DEJA POR UN TIEMPO.
Al joven alpinista francés radicado en Sabiñánigo le ha salido un trabajo para seis meses en su país de origen. Deseamos mucha suerte a este compañero de rutas, marchas y escaladas, con esquis, con raquetas a pie o en bicicleta, siempre dispuesto a abrir la huella en la nieve o a forzar el paso difícil. ¡Que te vaya bien!
Aquí lo teneis en primer plano junto a Víctor en el couloir "Ledormeur" al Pic de Laberouat.

INVIERNO ATÍPICO, PRIMAVERA NORMAL.
 Riesgo 3 y 4 (notable) de avalanchas, por encima de la cota 2.000. Durante el puente del 1º de mayo han caido en Huesca más de cien litros de lluvia por metro cuadrado lo que equivale a medio metro de espesor de nieve fresca en los Pirineos. El invierno ha sido muy seco y frío con la mitad de innivación que un año normal. El viento y las heladas mantenidas durante semanas configuraron caparazones de hielo macizo en ciertas vertientes norte. Nunca había visto estas formaciones en el Pic d´Anie, montaña que subo todos los inviernos. En esta ocasión, la vía normal estaba especialmente peligrosa.
 

viernes, 27 de abril de 2012

ESCALADAS EN LOS SETENTA: LA CORDADA RODOLFO - SANTIAGO

Por Santiago Hernández. (Cara este del Pájaro, 1972)





Rodolfo Assas. (Norte de Dos Torres, 1973)



La Pedriza

   Hacia el otoño de 1972, hacía como unos seis meses que había comenzado a salir a escalar de forma continua durante los fines de semana, principalmente a la Pedriza. En aquéllas fechas, los fines de semana eran de un día o día y medio como mucho.
   En mi caso como en la casi totalidad de mis amigos, habíamos comenzado a escalar por nuestra cuenta y riesgo, la mayoría de las veces con compañeros que estaban tan verdes como nosotros y después, en contacto con montañeros con mas experiencia, poco a poco fuimos “cogiendo oficio”.

    Uno de los buenos amigos con quien por aquéllas fechas estaba escalando de forma habitual y del que aprendí mucho, era Fernando de la Rosa “Bódons”. Ése mismo otoño, un sábado por la mañana se fue a escalar al risco del Pájaro en La Pedriza con un grupo de amigos y como yo no podía ir antes, quedamos en el vivac del Tolmete por la tarde-noche de ése mismo día para hacer, en el Pájaro, una escalada nocturna. Cuando llegué al vivac ya estaba anocheciendo. Me contó que se habían metido en la Vikinga del Pájaro (mas tarde vía Loquillo),  y que se había caído yendo de primero a la salida del segundo techo con lo cual, se le habían quitado las ganas de “nocturnas”. Me sugirió entonces que quizás alguno de sus amigos que estaban dentro del vivac, quisiera acompañarme en la escalada.

   La entrada al vivac estaba muy oscura, no se veía casi nada y yo, que para esas fechas era bastante intrépido, ni corto ni perezoso dirijo la voz a la entrada del vivac y pregunto si alguien se apunta, a una nocturna a la Este del Pájaro (o Pedro Ramos). De la oscuridad del vivac salió un chico muy joven a la vez que decía: ¡yo me apunto! Su aspecto era desgarbado, un poco alto y delgado, con el pelo rubio y liso y con gafas grandes de miope, que lo era. Con los brazos largos y las manos grandes, era el tipo de escalador que Fernando Orús, nuestro amigo de Zaragoza solía definir como un “hombre-mono”. Diez  minutos después de conocernos, nos encontrábamos de camino hacia la Este con las frontales en marcha. Su nombre era Rodolfo Assas.
    Para esa época Rodolfo era un adolescente de catorce años y medio, y llevaba escalando un año o más. Un día fui a su casa en Cuatro Caminos y me enseñó el croquis del Espolón Este del Gallinero, de la vía de Rabadá y Navarro. Era una hoja y tenía dibujado, por él mismo, un itinerario a la izquierda de la vía de R/N. por todo el Pilar del Cotatuero. Es decir, lo que posteriormente sería la Zaratustra. El año anterior había abierto una vía en el Hueso (Pedriza) con su amigo y compañero Toni, con el que por esas fechas solía  escalar.
   Hicimos la vía sin ningún problema y la verdad es que desde el principio nos
compenetramos y congeniamos muy bien. A partir de aquí comenzamos a escalar juntos casi todos los fines de semana. Intensificamos las salidas a los Galayos gracias al microbús escolar de Goyo, un señor de Guisando que vivía en Carabanchel y que durante muchos años, estuvo llevando escaladores todos los fines de semana a la plataforma del Nogal del Barranco, para subir a los Galayos y con frecuencia iba tan lleno, que mas de una vez se habilitaba el pasillo con sillas plegables para viajar. La verdad es que durante ése periodo, había muy buen ambiente en los Galayos. Durante ese invierno, conocimos a José A. López de Castro “El Químico”, entre otros amigos, ya  con mucha más experiencia que nosotros. Tanto Rodolfo como Paco Aguado  “El Calavera” y yo, recibimos un aprendizaje de la montaña invernal muy bueno. (Esos años nevó, al menos, lo suficiente).


1973, cara oeste del Naranjo de Bulnes.

 
Primeras Aperturas

 La Cara Norte de Dos Torres (La Pedriza) 1973 

   Durante todo éste año del 73 vamos a desarrollar una actividad muy intensa. El 14 de mayo, después de dos intentos acabamos la vía en la Cara Norte de la Cima Oeste de Dos Torres en La Pedriza, a la que bautizamos como vía Rodolfo-Santiago. (El nombre de la vía es consecuencia de nuestra ilusión y deseo juvenil, de imitar a nuestros ídolos de la escalada de dificultad en nuestro país: los zaragozanos Alberto Rabadá y Ernesto Navarro). Ésta vía se ha actualizado en 2008, y ha quedado como una de las mejores vías de fisura de manos, de La Pedriza.

    Historia y croquis actual en: wwwvíaclasica.com (norte dos torres, vía rodolfo-santiago)

   Muy poco tiempo después, seguramente en el mismo mes de mayo, abrimos una vía en la corta pero vertical Cara Este del Pajarito en La Pedriza. También la llamamos Rodolfo-Santiago. Recuerdo muy bien que abriendo la vía, cuando estaba intentando recuperar un clavo que se resistía, cerca de mi en la Sur Clásica, apareció Jose Ángel Lucas y  al verme me aconsejó que lo intentara con una cinta plana al ojal del clavo y el otro extremo, a la cabeza de la maza para dar tirones con el mango. Fue un buen consejo y desde entonces no he conocido otra forma mejor.

   Al mes siguiente, José Ángel junto con Fernando Villa “Píviu”, hicieron la Walker en las Grandes Jorasses y a la bajada, tuvieron un accidente en el que murió José Ángel. Era un brillante escalador, había coincidido con él alguna vez en Galayos, pero no tuve la ocasión de tratarle mucho.

 
Los Galayos de Gredos

La Cara Oeste del Capuchino, Vía Rodolfo-Santiago. 1973

   Durante ésta primavera, escalamos juntos muchas de las grandes vías de dificultad de los Galayos y así, durante el mes de junio sin ninguna información porque no la había, nos acercamos a la base de la cara oeste del Capuchino con la intención de escalarla, pues su pared nos parecía interesante y teníamos la esperanza de que aquello estuviera sin tocar.

    Dimos con la entrada a la vía a base de meternos en todos los charcos, pues la fisura de entrada y mucho menos el diedro, sólo se ven cuando estas completamente debajo, en su vertical. Íbamos escasos de material y por ésa razón, tuve que hacer la primera reunión muy cerca del suelo, en un pequeño nicho bajo el diedro. Rodolfo atacó el diedro y todo fue muy bien hasta que se quedó sin material, al final de él, donde hay que hacer una travesía en placa a la derecha bajo un pequeño techo inclinado.

   Éramos todavía unos pardillos y ¡anda que no nos quedaba todavía por aprender! Así, al final del diedro tuvo que improvisar una reunión, con dos tacos de madera como único seguro. Cuando llegué y lo vi casi me da algo. Reforzamos la reunión y acabó Rodolfo el resto del largo,  que es la difícil travesía que llega a una buena cornisa donde montó la reunión con unos pitones. Seguimos por una placa compacta por encima del techito a nuestra izquierda, no muy difícil pero sin ningún seguro; la placa tumba y muere en una estrecha grieta-rampa donde hicimos reunión. Ya era tarde. Para seguir la vía teníamos que descender en diagonal a la izquierda, para coger el Diedro Verdoso del centro de la pared, en la zona media-alta. Decidimos escapar por la grieta-rampa que, de forma ascendente, continúa por nuestra derecha  hasta ponerse totalmente vertical, al coronar el hombro en el espolón suroeste. Primero libre, y al final, artificial de pitones, duro y difícil. No vimos huellas de que alguien hubiera pasado por allí.
 
   Volvimos sobre el 15 de junio, ésta vez con “El Químico”, y con algo mas de material. Entramos a la vía desde abajo claro, y llegado al punto anterior ganamos un nicho bajo el Diedro Verdoso, donde hicimos reunión. Subió Rodolfo de primero y después del primer tramo que es vertical y algo delicado, hay un pequeño desplome fisurado donde se dejó los dos estribos que llevaba y salió en libre, ya por todo el diedro. De pronto nos comunica que hay un clavo en el diedro. ¡Que putada! Bueno, qué se le va a hacer, al menos hasta poco antes de ésta “reu” el terreno es virgen y si lo de arriba mola, pues guay. Al final del diedro, en una repisa grande, hizo la reunión. Subí yo y detrás de mí, “El Químico”.

   Actualmente, el primer largo de ésta vía, es decir la fisura y el diedro con su travesía, aún siendo también difícil, destaca mas por la excelente calidad de la roca y por su belleza; el largo de arriba, el Diedro Verdoso, siendo un largo también muy bonito, destaca mas sin embargo, por lo mantenido de su dificultad.

   Pues bien, Rodolfo, al dejarse los estribos al inicio del diedro, subió sin ellos el resto del largo y aunque es posible que se agarrase a algún seguro, me acuerdo perfectamente que no sólo no cosió el largo a seguros, sino que yo, de segundo y con las botas duras de cuero (como todo el mundo entonces), tuve que emplearme a fondo para escalar el largo dignamente.
 
   “El Químico”, nuestro maestro de alpinismo, era un personaje admirable. Por esos años, entre otros sitios, iría al Pucahirca Central, en los Andes y estuvieron a punto de hacer o hicieron, la 2ª ascensión a ésta, muy difícil montaña de unos 6000m. También estuvieron en el Dénali, en el Espolón Cassin y aunque no pudieron hacer cima, la vía la hicieron completa. Una actividad muy puntera y ambiciosa para ésas fechas en nuestro país.
   Bueno pues el caso es que escalando en roca, era al contrario; no lo vio muy claro y en una o dos ocasiones, entre clavo y clavo, metió algún pitón para progresar….en estribos, claro. Nos lo pasamos muy bien Rodolfo y yo metiéndonos con él.

  Mas tarde, nos enteramos de que el Diedro Verdoso lo habían escalado dos años antes Jesús Tecedor y C. Muñoz Repiso, y de su reunión superior, salieron a la derecha por un escape sencillo que tiene. Habían entrado a la pared a la izquierda de donde lo hicimos nosotros, por una zona menos interesante, hasta alcanzar la base de dicho diedro. Era el 19 de septiembre de 1971.

    Después nos enteramos que ésa misma primavera, apenas un mes antes que nosotros, el 13 de mayo, habían estado Antonio Cabrero, Fernando Villa “Píviu”, y José Ángel Lucas en ésta pared. Entraron por donde Tecedor y Repiso y en la reunión de arriba del Diedro Verdoso, se metieron a la izda por una corta, aérea y difícil placa, luego un diedro y después directo a la cima por una placa sencilla, pero aérea. De ésta forma, ellos aportaron a la vía un largo precioso y que “hay que escalarlo”. Quedando  así una vía que en su grado, es de las más bonitas del Galayar.

    Con la apertura de los dos largos de la entrada por parte de la cordada Rodolfo y Santiago, se completó dicho itinerario y, a semejanza de cómo ocurriera en la vía Gerardo-Rafa de la Torre Amezúa entre otras, a ésta vía se la llama desde entonces vía Rodolfo-Santiago, si bien está claro, que fuimos tres cordadas distintas quienes configuramos ésta bella escalada.
 Riglos 1974.
Monolito en recuerdo de Rabadá y Navarro.

 Con Ramón Soguero. Cumbre de la Aguja Roja, 1974.