Homenaje a los escaladores Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, en el cincuenta aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

LA ASISTENCIA AL HOMENAJE ES LIBRE Y NO HAY NINGÚN INCONVENIENTE EN QUE, QUIEN LO DESÉE, PUEDA CENAR CON SUS PROPIOS ALIMENTOS AUNQUE PARA HACERLO EN EL CATERING DEL PABELLÓN ES IMPRESCINDIBLE LA RESERVA CON 25 EUROS.

¡NO FALTEIS, OS ESPERAMOS EN MEZALOCHA!



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viernes, 30 de agosto de 2013

SEPP HENKEL, EL ÚLTIMO SUPERVIVIENTE

El 27 de diciembre de 1963, un joven guía de Grindenwald, Paul Etter, acompañado de los aspirantes Ueli Gantenbein y Joseph (Sepp) Henkel, alcanzaron la cumbre del Eiger por la difícil y escarpada vía normal de la cara oeste. Ninguno de los tres tenía más de veinte años, pero estos jovencitos de mirada risueña poseían el valor y la decisión suficiente para acometer la misión que se habían propuesto: Recuperar los cuerpos de los dos escaladores españoles, colgados de los hielos de "la araña" y descenderlos hasta abajo para poder devolverlos a España.
Fueron tres días de descenso vertiginoso, 1.800 metros en rapel y delicadas y complejas maniobras. Por vez primera, la cara norte había sido recorrida en descenso. Abajo, en Kleine Scheidegg, fueron recibidos como héroes.
Dos años más tarde, una avalancha sepultó a Paul Etter,  brillantísimo alpinista que ya había escalado la cara norte del Cervino en invierno. Ueli Gantenbein falleció hace poco de una enfermedad común. "Sepp" Henkel trabajó toda su vida de carpintero y se jubiló hace cinco años.
Es un viejecito tierno y encantador y tuve el placer de escalar con él las placas lisas del Grimselpass en el Oberland, una vía de cuatrocientos metros en Vº y VIº que "Sepp" subió toda de primero sin pestañear. A mis apuros y lamentaciones "Sepp" respondía con una risita y un oportuno tirón de la cuerda. Hace unos veranos, "Sepp" navegó en piragua más de tres mil kilómetros por el Yukon, en Alaska.
Es el único superviviente de aquella historia alpina que sigue conmoviéndonos cincuenta años más tarde.
Tuve la oportunidad de abrazar a este superhombre, cuyo coraje y fortaleza es sólo comparable a la grandeza de su corazón.

Fotografía: Francis Tomas.








RECUERDOS DESDE EL HORIZONTE


A mitades del mes de Agosto, hace ya cincuenta años en la cara norte del Eiger, Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, concluían su impresionante vida alpinística en medio de su más preciado sueño. El destino y la sólida unión de la amistad, aderezados por el inacabable deseo de superación, les llevó aquella vez demasiado lejos.
En aquel tiempo el suceso tuvo una repercusión mediática demoledora, que ahora mismo parece anclada en la prehistoria del montañismo. Sin embargo los que lo vivimos de cerca, no podemos mas que admirar el valor de aquella cordada que en los años anteriores, junto con otros escaladores de Zaragoza, habían puesto el listón tan alto, que se hacía difícil seguir sus pasos verticales con el desparpajo que lo hacían ellos.
Quizá los escaladores actuales no se puedan imaginar, como es posible que con aquellos medios acometieran semejantes empresas. Alpargatas de esparto para las redondeadas presas de Riglos, cuerdas de cáñamo atadas directamente a la cintura, toda una ferretería de clavos artesanales y tacos de madera. Y para el hielo, piolet con mango de fresno y crampones forjados por un herrero. Lo más importante sin embargo, lo tenían en la mente y sus realizaciones, hoy en día siguen siendo un ejemplo de audacia.
Espolón del Firé, las Brujas del Tozal, el Espolón del Gallinero y sobre todo la ruta original en la cara Oeste del Naranjo de Bulnes, marcan los trazados que mejor pueden definir su forma de encararse a las dificultades.
Ya se que ahora hay algunos que no necesitan ni cuerdas para pasar por estos mismos lugares, que lo hacen corriendo por lo que no tienen tiempo ni de caerse, pendientes del cronómetro. Todos tenemos derecho a disfrutar de la manera que elegimos para nuestras ascensiones y que la libertad que es posible disponer en la montaña, no es tan fácil tenerla en otros momentos de la vida. Pero yo siguiendo lo escrito por Julio Villar (que hizo la segunda a la Oeste del Naranjo) “los que corren no saben nada de la vida”, prefiero seguir rozando mis dedos, despacio en cada presa para disfrutar intensamente cada paso. Y me agrada saber que en esos mismos agarres pusieron sus dedos Ernesto y Alberto, a los que ahora recordamos con agradecimiento.


                                                                                         Gregorio Ariz.


60 ANIVERSARIO DE LA ESCALADA A LA MURALLA DE LA BAROUDE (BARROSA)
On célèbre l'an dernier (14 aout 2012)  le 60 e anniversaire de la première ascension du Gerbats  C'était en 1952 le 14 aout.  On regarde l'évolution des jeunes sur le même itinéraire : Pascal Ravier , Vincent De Fos du Rau, Olivier Delors et sa compagne Sophie, François Pressat… En bas le groupe d'amis de la Revue Pyrénées et l'accompagnateur ( deuxième à droite Daniel Guilly)  avec Jean et Pierre, au pied de la muraille. 2ère photo : apéro offert la veille par Eric à gauche  le gardien du refuge



Una bonita conmemoración de la primera escalada de la formidable muralla de Baroude (Barrosa) por nuestros queridos amigos Jean y Pierre Ravier. Texto y fotos de Christiane Abbadie-Clerc.
Guapos chicos, siempre jóvenes. Jean y Pierre ¡Os queremos!


Nuestra simpática amiga, la pirineísta Christiane Abbadie-Clerc.


viernes, 5 de julio de 2013

RAFAEL MONTANER, EL PROTECTOR DE LOS JÓVENES ESCALADORES

"Punta Chausenque, cara norte directa, ED/700 m, vía severa y dificil que parece no tener repetición". De este modo describe Christian Ravier la que es, sin ninguna duda, la ruta más dura del Vignemale y probáblemente de todos los Pirineos. Lo que pocos escaladores saben es que esa muralla húmeda y extraplomada fué remontada por Rafael Montaner, José Antonio Bescós y Julian Vicente en tres días de escalada de septiembre de 1962. Me consta que Iñaki Tapia, un potente alpinista navarro intentó repetirla ¡con una costilla rota!
El propio Iñaki me relataba esta anécdota mientras ascendíamos una preciosa vía en la Jean Santé.
Y es que si repasamos la singladura deportiva de Rafael Montaner llegaremos a la conclusión de que su nivel técnico estaba a la altura de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, y que en varias ocasiones Rafael acompañó a Rabadá en varias "primeras" y en bastantes tentativas.
Tambien son de Rafael Montaner la genial vía en la cara sur de la Pequeña Aguja de Ansabere o la super-genial cara nordeste del Cilindro de Marboré, la más hermosa, en mi opinión, del grupo de Monte Perdido.
Siempre le estaré agradecido a Rafael Montaner. Nos hicimos amigos cuando yo repetí su vía de la cara sur del Firé, la popular "Galletas". Las dos primeras ascensiones habían sido con vivac pero el "Macetas" (Juan Carlos Zapata) y yo, la subimos en unas pocas horas forzando bastante en libre. Era un hombre de gustos refinados, culto y elegante, que ofrecía su amistad sin reservas y apreciaba mucho la compañía de los jóvenes escaladores. Cuando hablaba de Alberto Rabadá lo denominaba "Edil" y se refería al escalador fallecido con la emoción e intensidad con la que se habla de un hermano.
Montaner, un esmerado empresario, daba trabajo a los escaladores, yo mismo estuve en su fábrica ganándome unos dineritos pero  es que casi todos los días, Rafael se presentaba en el taller y nos íbamos a tomar unas cervezas acompañadas de buenas raciones de gambas y calamares. Estando en la "mili" más una vez me escapé del cuartel por la noche para irnos por "Zaragoza la nuit", con Rafael a cenar, y siempre, siempre, invitaba él.
Al final de su vida Montaner y su familia se enfrentaron a una dura enfermedad.
En otoño de 2000 los Escaladores Veteranos de Aragón le hicímos un homenaje a este apasionado de las grandes paredes. Allí estaba Doña Amelia, su viuda. Tambien sus hijos, compañeros y amigos, todos reunidos en Morata de Jalón, la más jóven de las escuelas de escalada en Aragón, todos juntos recordando a un amigo ejemplar, un hombre digno y leal cuyo recuerdo prevalecerá para todos aquellos que contemplen extasiados los desplomes de esquisto de la cara norte de la Chausenque.

viernes, 14 de junio de 2013

RESCATE EN LA NORTE DEL PURO


La arista norte del Puro es otra de las vías más conocidas de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, y no la más fácil precísamente. Al menos no lo era cuando yo la intenté por primera vez en 1973. El resultado de aquella imprudencia juvenil fue doloroso. Recuperamos esta entrada por su interés, para aquellas personas que se hayan incorporado recientemente a este blog del Homenaje a Rabadá y Navarro en el 50 aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

UNA TRAGEDIA, UN LIBRO MAGISTRAL. 
En los últimos días de mayo se produjo una tragedia en el Dhaulagiri (8.172 m). Juanjo Garra (49) apura los últimos metros escalando tras el experto sherpa Keshab una plancha de hielo bajo el corredor que da acceso a la cumbre. Juanjo resbala, la cordada cae pero consiguen detenerse. Juanjo tiene una pierna rota (la tibia y el peroné). El heróico sherpa intentará descenderlo a toda costa, incluso cargando con él, pero hay un obstáculo clave, la travesía horizontal.

Keshab, de la etnia "gurung", casi pierde la vida por permanecer cuatro días junto al herido.



El libro de nuestro amigo y colaborador Gregorio Áriz , "EXPEDICIÓN NAVARRA AL HIMALAYA 1979", describe una travesía larga y escarpada en la cota 7.800  Fue allí donde cayó el himalayista aragonés Pepe Garcés. Ese "paso horizontal", aún equipado con cuerdas fijas, ha impedido a Juanjo alcanzar el espolón este por donde sí podría haber sido descolgado y descendido por los rescatadores.
Este libro es una obra maestra de la literatura himaláyica y describe con fluidez el buen hacer de la expedición navarra, reforzada por el catalán Jordi Pons, que consiguió la cumbre con una gran elegancia y desenvoltura. En sus últimas páginas podemos conocer la intuición de nuestro amigo Gregorio que supo apreciar con serenidad las impresiones de Sonam, el "sirdar", en el sentido de vaticinar la inminente llegada del monzón. En el último momento, la segunda remesa de "summiters" navarros decide, sensatamente, renunciar.
Y bien que les valdría, pues llegando al campo base, el huracán se desata y la parte alta de la montaña se ha convertido en un infierno. En medio de la noche, un alud sepulta el último campamento de una expedición franco-suiza que intentaba la cumbre, despeñando a dos de sus miembros. En una huida a la desesperada, un tercer expedicionario, el sherpa Pemba, desaparece pendiente abajo.
Tres himalayistas franco-suizos consiguen llegar, extenuados y congelados, al campo base donde Gregorio y su gente los atienden, salvándolos de una muerte segura. El libro de Gregorio Áriz es de una belleza y amenidad insuperable. En su relato ligero y lleno de acción Gregorio siempre tiene ocasión para los gestos de afecto y amistad, de simpatía y comprensión hacia los habitantes de aquellas regiones. Solo puedo expresar mi admiración por el escalador e himalayista Gregorio Áriz, un auténtico NAVARRO UNIVERSAL.


 Gregorio Áriz, en la oeste del Naranjo de Bulnes.



Venga pues, ahora vamos con la norte del Puro.-


Esta historia empieza una noche del verano de 1973 cuando sobre la una de la madrugada dejé correr las cuerdas en la oscuridad, al vacío profundo, sesenta metros hasta el suelo. Jaime, de 18 años, ciclista reconvertido en escalador, y yo, de 17, tomamos la decisión de abandonar. En aquella época para eludir el calor, la "Carnavalada" al Pisón, se solía empezar a medianoche y ya habíamos remontado el primer largo, pero Jaime me explicó que no se sentía con suficiente ánimo y decidimos rapelar a la luz de nuestros frontales y meternos en nuestros sacos de dormir en una era de Riglos.
Al día siguiente le propuse subir la preciosa "Anglada" al Pisón, bastante más sencilla, y aceptó encantado. Era la primera vez que me encordaba con él y me pareció un muchacho encantador, un "buenazas" sonriente y grandullón. Sería la última, porque Jaime estaba en una dinámica de escaladas difíciles que lo superaba. Yo me había percatado de ello la noche anterior en la "Carnavalada", pero su entorno inmediato lo presionaba sin cesar y él era demasiado humilde para plantar cara y decir: no, a esa vía no voy...
Tal vez por eso coincidimos dos meses más tarde camino de la arista norte del Puro, él y su compañero Octavio, abriendo vía, y detrás, no muy convencidos, mi amigo Ambrosio y yo en nuestro primer intento a ese pasmoso filo escalado por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro trece años antes y que por aquel entonces contaba con muy pocas repeticiones.
Justo antes de la travesía que da acceso a la arista Jaime resbaló y aunque intentó detenerse cayó desde encima de la cueva y se golpeó contra el borde de la plataforma antes de que las cuerdas sujetadas por su compañero Octavio llegaran a tensarse. A primera vista sus dos piernas estaban rotas y su rostro era un mar de sangre y lágrimas. Creo que fue Ambrosio el que con más serenidad tomó la iniciativa para bajar a Jaime hasta el suelo cien metros más abajo. Primero rapelaría yo para colocar una cuerda fija en diagonal hasta encima de la fisura. Era una maniobra crucial pues la pared desploma, y mientras Ambrosio y Octavio preparaban a Jaime me precipité por las cuerdas pues los gritos de dolor de Jaime se me hacían insoportables.
Un espacio de tiempo que me resulta interminable y Octavio y Jaime aparecen en lo alto descolgados con habilidad por el valeroso Ambrosio mediante un rudimentario pero eficaz freno de mosquetones. Ahora tendré que cogerlos y entrarlos a la repisa. No puedo fallar. Y entonces es cuando por la fisura asoma una cabeza que me resulta familiar, es Valentín que viene en nuestra ayuda. Una inmensa sensación de alivio me invade. Valentín se hace cargo del aterrizaje atrapando con suavidad y firmeza al herido y a su conductor. Otro rapel, este de sesenta metros y todos estamos en el suelo. Jaime es introducido en la ambulancia que acaba de llegar. Nunca más volverá a escalar.
Al año siguiente, con mi buen amigo Gonzalo "Lalo" Prado conseguí, al segundo intento, escalar la vertiginosa arista norte del Puro, pero los recuerdos de la caida de Jaime estaban aún muy presentes y no sentí ningún placer ni alegria durante las horas pasadas ganándo terreno, metro a metro, a aquel formidable filo de conglomerado gris.
Lo visité en su casa, estaba distante, otra persona distinta, y no por las muletas con las que se apoyaba, es que ya no era aquel chaval humilde, bonachón e inocente que aceptaba las bromas. Sentí que aquel saliente de la roca había zanjado de un modo brutal y expeditivo nuestra alegría de adolescentes, que despues de lo de Jaime nada volvería a ser igual. Aunque han pasado casi cuarenta años de aquello todavía, en ocasiones, me hago a mí mismo este reproche: ¿Por qué no tuve el coraje de decirles, eh, chicos, qué tal si nos metemos en otra más fácil?



 · Muy cerca de las 34.000 visitas, el blog de Homenaje a Rabadá y Navarro se pone a disposición de los montañeros y escaladores que deseen compartir sus experiencias en rutas de la cordada aragonesa u otros aspectos relacionados con la escalada y la montaña en general. Podeis remitir vuestros textos, acompañados de alguna foto a: perroderroca@hotmail.es que serán publicados a medida que lleguen.


viernes, 13 de abril de 2012

UNA VÍA DE RABADÁ EN EL ASPE


Fue a mediados de junio del 2005 cuando tuve conciencia de la existencia de la Arista de los Murciélagos en el Aspe. Iba a conocer a Jesús Vallés, el creador del blog en el que escribo ahora como invitado. La idea inicial era ascender esa vía abierta por Rabadá, yo tenía además la intención de sacar a Jesús una entrevista para un capítulo del libro “Escalad, escalad malditos” y Jesús, a su vez, que asistiéramos también el día anterior a una manifestación por la reintroducción del Oso pardo en el Pirineo. 

Al final, la manifestación se pospuso y acabamos ascendiendo el Aspe por la vía sur normal porque el nivel general de las posibles cordadas no hubiese aconsejado una vía de esa dificultad. Desde la cima del Aspe pude admirar el magnífico perfil de la arista dividiendo el abismo desde el fondo del valle. Yo ya había estado dos o tres veces en esa cima y ese día fue uno de esos en los que aprendes a mirar la montaña de una forma más interesante.


En esto de las montañas el aprendizaje va por fases, primero aprendes tan sólo a manejarte por ellas, después acabas reconociendo recorridos y repitiéndolos sin guía, pasas a distinguir todos sus perfiles desde lejos y recordar el nombre de cada pico y collado,  aprendes a diferenciarlos incluso desde otras vertientes y acabas interesándote por sus diferentes rutas.

Cuando te adentras en la vertiente histórica de las montañas quiere decir que estás comenzando a  comulgar con la  verdadera cultura alpina. Esa misma arista la habría contemplado desde la cima en multitud de ocasiones y puede que hubiese admirado su belleza pero no tenía recuerdos de ella. Sin embargo, estar allí, saber que había sido abierta en el año 1960 por unos personajes de talla, verla ahí a mi alcance y no haberla ascendido creó en mi la necesidad imperiosa de volver a intentarla en alguna otra ocasión, ya nunca podría borrarla de mis pensamientos.

No hay nada más estimulante en la montaña -y aún en otros ámbitos- que plantearse nuevos retos y atesorar en la recámara sueños que alimenten nuestro espíritu.

Volví en junio del 2007, dos años después. En esa ocasión estábamos tres para subir y con más garantías, el guía era de nuevo Jesús y yo me sentía capacitado mental, técnica y físicamente para una vía que años antes no hubiese ni siquiera imaginado.

Cuando repites una clásica, aunque sea fácil, te puede entrar la tentación de pensar que no es para tanto. Yo, en aquel junio de 2007, estaba en lo que con toda modestia (y algo de melancolía) podría denominar como la cúspide de mi capacidad y la primera parte de la Arista de los Murciélagos me pareció fácil aunque en un punto, cuando toca asomarse al abismo que precisamente preside el paso clave  de la Arista, comprendí que hace falta también osadía para subir por ahí y más pensando en el material de aquella década –muchas veces inventos propios- o en la incertidumbre de lo que te puedas encontrar más arriba. Me comentaron que en la primera apertura estuvo Rabadá y después de haber visto algunas de las vías abiertas por la mítica pareja Rabadá y Navarro, he comprendido que aquellos tipos fueron algo excepcional.

La visión de la Oeste del Naranjo lo corrobora por ejemplo y la lectura de la primeras ascensiones a la Norte del Eiger nos da la verdadera medida  del valor de su intento a la primera ascensión Española a esa mítica vía. Ellos perecieron en el Eiger en 1963 y poco antes, también en el Aspe, habían estado afinando su técnica alpina invernal en la vía Edil de cara al éxito en los Alpes. Tal vez algún día deba intentarla para completar el pequeño círculo.

Otro acontecimiento de aquel 2007 que también recuerdo con gran emoción fue la aparición al mercado del libro “Rabadá y Navarro, la cordada imposible” de Simón Elías, porque esa es otra de las formas en que los montañeros alimentamos el zurrón de nuestros sueños, leyendo libros. Mejor cuando son buenos y ése lo es, fijo.


Álvaro Osés. Alpinista y escritor.

 
CURSO DE PROGRESIÓN EN CRESTAS DE ROCA Y NIEVE
CLUB DE MONTAÑA PIRINEOS. ZARAGOZA
21 y 22 de abril, 5 y 6 de mayo.
Director: LORENZO PUEYO SENDER
Teléfono de contacto: 619 993666
e-mail.- loorchang@hotmail.com

La Arista de los Murciélagos al Aspe es un magnífico entrenamiento para otros objetivos, otras aristas, como la estética cresta sur-este al Zinalrothorn, 4.224 m en Zermatt.