Homenaje a los escaladores Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, en el cincuenta aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

LA ASISTENCIA AL HOMENAJE ES LIBRE Y NO HAY NINGÚN INCONVENIENTE EN QUE, QUIEN LO DESÉE, PUEDA CENAR CON SUS PROPIOS ALIMENTOS AUNQUE PARA HACERLO EN EL CATERING DEL PABELLÓN ES IMPRESCINDIBLE LA RESERVA CON 25 EUROS.

¡NO FALTEIS, OS ESPERAMOS EN MEZALOCHA!



jueves, 10 de enero de 2013

AGUJA ROJA. VÍA EDIL 1957.

Una vía de Alberto Rabadá, esto suena muy interesante, más ahora cuando en los últimos meses se han estado conmemorando efemérides de sus escaladas más importantes junto a Ernesto Navarro y dentro de unos meses se ofrecerá un homenaje en Mezalocha al cumplirse 50 años de la trágica muerte de ambos en la cara norte del Eiger.

Félix Escobar
Club Pirineos
Zaragoza 

 No se trata de la Oeste del Naranjo, ni del Espolón del Gallinero, ni siquiera del Fire, escaladas que me superan en dificultad y atrevimiento, pero en la Aguja Roja tenemos una pequeña joya riglera que sí está a nuestro alcance.Es la vía Edil, que abrió el 2 de junio de 1957 Rabadá junto a Ángel López. Asciende la cara Noroeste enlazando las chimeneas que forman dos grandes entostas de conglomerado, escalada que se mantiene entre el IVº y el Vº (de ahora…) resulta una elegante manera de encaramarse a uno de los llamados “Mallos Pequeños” y una magnífica ocasión para que Mónica se inice en Riglos.

Nota del administrador: Mónica es la compañera de escalada y novia de Félix (Una preciosidad). 

http://empujatrenes.wordpress.com/2012/12/21/aguja-roja-edil-y-mallo-cored-oeste-clasica/

Mallo Cored (molondro amazacotado, según Rafael Montaner) y la esbelta y elegante Aguja Roja de Riglos.






Dos imágenes de Félix y Mónica en la "Edil" de la Aguja Roja.




Personalmente encuentro perfectas las líneas de la vía "Edil" a la Aguja Roja. Cuando me inicié en la escalada estaba un día subiendo la normal del Cored y enfrente, en la "Edil" estaban dos escaladores, mi hermano Antonio y Agustín Osés, "Tutucas". La "Edil" me abdució y no paré hasta conseguir escalarla. Después vinieron otras: la S.E, la "Villarig", que escalé con el própio Gregorio Villarig, la hermosa y compacta "Fuertes-Campanario", de magnífico trazado e incluso una curiosa variante, arrancando desde el suelo, a la izquierda de la vía normal. La Aguja Roja compite en belleza, aunque no en tamaño, con el macizo del Pisón. Es sin duda, la reina de los Mallos pequeños.

1971, otros tiempos, otro material, otra indumentaria.
Recupero unas fotos en la cara sur-este (J.J Díaz y Rafael Montaner, 1955) de la Aguja Roja que me hizo Francis Tomas en su primera visita a Riglos. Viejas "cletas" heredadas de mi hermano, jersey anudado a la cintura, casco prestado, martillo y unas clavijas.

En esta foto, tomada ya en el regreso, se pueden apreciar a tres "heróicos" escaladores del glorioso club "Jesús Obrero", el famoso "J.O" de Zaragoza. Son Carlos Santos, "Charly", ya fallecido, Santiago León y el simpático Jesús Almarcegui, "Piloto" que están en el primer largo de la "Villarig". Creo que abandonaron pues ya era bastante tarde.




FIN DE AÑO EN EL MONCAYO. RUTA DEL POZO DE SAN MIGUEL Y RETORNO POR COLLADO BELLIDO.
Javi Gracia (Ainzón) en las pendientes del Pozo de San Miguel.

Salida a cuatro patas (40º en nieve helada)

Javi Gracia, mi super-cuñado.


Cumbre del Moncayo, 2.315 m

Eduardo, Gorka, Ismael y Jesús (Tarazona). En el centro el famoso "sietemilista" Joaquín Muñoz.
Cima oriental (Lobera)

LLegando al Collado Bellido hay una curiosa repoblación de pinos negros (uncinata sp), azotados por el viento cierzo y que presentan un desarrollo más bien raquítico, los pobrecitos.

RESUMEN DE LA EXCURSIÓN:
Inicio en el campamento del Moncayo, cota 950 m. Reagrupamiento en el bar del Santuario, cota 1.600 m.
Javi y yo tiramos por el pozo, nieve helada, buena huella, pendiente de 40º. El resto suben por la senda normal, sin nieve y con placas de hielo. Cumbre San Miguel, 2.315 m, 3 horas.
Cresterío hacia el Este, cumbres de San Gaudioso y Lobera y descenso por el Collado Bellido, circo glaciar de Morca y retorno al Santuario de Nuestra Señora del Moncayo. En este punto nos separamos pues Javi y yo hemos de descender todavía hasta el campamento, en la base de la montaña. El desnivel acumulado ya alcanza los 1.400 metros. Siete horas en total. 
 




CICLOS DE LA NATURALEZA. ESPACIO PARA LAS GALLINAS. TIERRA PARA ESCARBAR Y HACER SU TOILETTE.

Si tienen espacio suficiente, las gallinas pueden ponerse al sol y protegerse de las bajas temperaturas.

Este es el resultado:
¡Qué ricos, eh!



CARRERA SAN SILVESTRE 2012. AINZÓN.
Para despedir el año suelo correr el dia de nochevieja la típica carrera de San Silvestre que en Ainzón (Zaragoza) acostumbra a tener una numerosa participación. Opté por la más larga. Tres vueltas al pueblo, unos 5 kilómetros.

Con chaqueta por que hace mucho frío.


En la salida, con mi mujer.

Los "papás noel" se mosquearon cuando los adelanté.





SENDERISMO RIGLOS-LA PEÑA, 7 de enero de 2013.

Una ruta super-clásica escogida en un dia despejado y anticiclónico. Con Paquita, mi esposa, y sus amigas de Sabiñánigo, iniciamos la excursión a las once de la mañana en el apeadero del tren. Unos cafés en el bar de Riglos y cogemos el camino del collado Santo Román, cresteando por la sierra hacia el oeste y descendiendo a la Foz de Escalete y la estación de La Peña donde tomaremos de nuevo el tren para regresar a Sabiñánigo. Unas cinco horas en total.

Pared de los Clérigos con dos vías que abrí en mi juventud: En rojo la "Carlitos" (Juan Carlos Iº), con Fernando Montserrat y en verde la fisura "Laboriosa", abierta con Fernando Orús. En primer plano mi perra Panchita.
En lo alto de la sierra.
Al fondo los Pirineos.

Las chicas posando en la Foz de Escalete. Detrás la vía "Javier Olivar-Amador Coscolla". Hice la 1ª repetición (1975)

Paquita, Pili, Chus, Ana y Victoria. Impresionadas por la foz.



Esta ruta, corta pero interesante, en buena caliza, la abrímos con Fernando Orús, Gonzalo Prado y Valentín Asensio.


Escarcha en la umbría.


Final de la excursión. LLegamos a La Peña.
 


PLACA HOMENAJE: TRAMITANDO LA INSTALACIÓN EN MEZALOCHA.

SR. CONSEJERO DE MEDIO AMBIENTE
GOBIERNO DE ARAGÓN.
D. MODESTO LOBÓN
Edificio Pignatelli
50071 Zaragoza


Asunto: SOLICITANDO AUTORIZACIÓN PARA COLOCAR UNA PLACA CONMEMORATIVA EN RECUERDO Y HOMENAJE A LOS ESCALADORES ARAGONESES ALBERTO RABADÁ Y ERNESTO NAVARRO EN EL 50 ANIVERSARIO DE SU MUERTE EN LA CARA NORTE DEL EIGER.



Estimado señor: Usted puede encontrar adjunta documentación referida al homenaje que tendrá lugar en Mezalocha (Zaragoza) durante los días 19 y 20 de octubre de 2013 con la colaboración del ayuntamiento y organizado por un grupo de montañeros, escaladores y deportistas de Aragón.

AUTORIZACIÓN DEL AYUNTAMIENTO
APOYO DEL SEÑOR MINISTRO DE CULTURA.
PROGRAMA ORIENTATIVO DEL HOMENAJE
BOCETO DE LA PLACA  50X40, METAL ACERO


El lugar, propuesto por la señora alcaldesa y su equipo municipal es una roca caliza sobre el camino al embalse de Mezalocha en la que se fijaría la placa, a 3 metros de altura, justo al lado del indicador de los senderos balizados de Mezalocha.



Atentamente.

Jesús Vallés Gracia
Promotor y organizador del Homenaje a Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en el 50 aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

c/ Sánchez Ventura nº 35
22600 Sabiñánigo (Huesca)

10 de enero de 2013

homenajearabadaynavarro.blogspot.com



  

martes, 1 de enero de 2013

CARA NORTE DEL ASPE, VÍA EDIL 1962


A lo largo de mi vida he perdido a más de cuarenta compañeros en montaña.
Louis Audoubert, alpinista.


En enero de 1962 Alberto Rabadá y Ernesto Navarro abrieron en los Pirineos una cara norte invernal de gran categoría y dificultad demostrando su vocación alpina, su coraje y su habilidad. Con piolet de madera y crampones de diez puntas superaron la vertical chimenea de entrada y su famoso paso desplomado (un buen IVº en verano). Después de un vivac en el que soportaron bajísimas temperaturas reanudaron el corredor a la luz de sus linternas llegando a la cumbre al mediodía. La "Edil" del Aspe fue entonces la escalada en nieve y hielo más difícil de España y cincuenta años más tarde, prestigiosos alpinistas como Juan Corcuera, del club Montañeros de Aragón, la definen como magnífica clásica que merece ser repetida para valorar las condiciones y el material de la época.
Fotos: Chimenea de entrada y resalte de la parte superior (Juan Corcuera).




1980, TRAGEDIA EN LA EDIL DEL ASPE.
ADIOS QUERIDO AMIGO, ADIOS "PIRULO"...
Así comenzaba una carta que el presidente de la Federación Vasca de Montaña publicó en todos los diarios de Euskadi unos pocos días más tarde de la muerte de Juan Carlos Fernández Azanza en la vía "Edil" de la cara norte del Aspe en febrero de 1980. 

En rojo,  punto desde donde cayeron. Según relató el compañero que sobrevivió (las dos piernas rotas), estaban vivaqueándo ya muy cerca de la cumbre cuando en la noche una avalancha los precipitó al vacío, 400 metros más abajo.  

Juan Carlos y su compañero cayeron desde lo alto cuando una gran masa de nieve se desmoronó lanzándolos al vacío mientras vivaqueában ya muy cerca de la cumbre. La caida fue de unos 400 metros y milagrosamente, el compañero de Juan Carlos  sobrevivió con las dos piernas rotas. Con 18 años Juan Carlos Fernández Azanza era la gran promesa del alpinismo vasco. Había escalado el Espolón norte del Petit Pic del Ossau en solitário y otras vías de gran dificultad. Cuando leí la noticia del accidente en el Aspe me puse en contacto con la familia. Era un lunes, recuerdo. Juan Carlos había muerto el sábado y yo le había hecho el plano (ficha) de la "Edil" el jueves, dos dias antes, en un bar de San Sebastian.
Acabábamos de conocernos, unas semanas antes, cuando yo descendía del pico LLena del Bozo con Alfredo Martínez y "Pirulo" y otro chico bajaban esquiando del Aspe por la vertiente Valle de Aísa. Yo entonces vivía en Irún (Guipúzcoa) y ellos en San Sebastian, así que comentamos algunas vías de escalada y lo felicité por su repetición en solitario del espolón norte del Petit Pic, ruta que yo tambien conocía. Quedámos en ir a escalar juntos en Santa Bárbara (Hernani) y entonces fue cuando me pidió que le dibujara un croquis de la Edil del Aspe.

Con el tiempo me hice muy amigo de aquella familia donostiarra y me trataban como a un sobrino. La madre Rosina, iba todos los días al cementerio de Polloe "a ver a su pequeño".  A mí me decía aquella buena mujer refiriendose a mi accidente: "Ay, si mi hijo se hubiera quedado como tú, yo bailaría de contenta". Pobrecita. Yo tambien llegué a sentir un gran afecto por ellos. Iba a su casa, ellos venían a visitarme a Irún. Muy buena gente, apasionados todos ellos por la montaña, lo que es muy frecuente en Guipúzcoa.
Con el tiempo les perdí el contacto, y hace tres o cuatro años, pasé por San Sebastian y fui a visitarlos. Los padres, Ramón y Rosina, ya habían fallecido y los hermanos de Juan Carlos habían vendido la casa.




MIS EXPERIENCIAS EN LA EDIL DEL ASPE 

1971. MI PRIMERA SALIDA AL PIRINEO. AVALANCHA DE PIEDRAS.
Ambrosio, Valentín, Jesús Yarza y yo vivaqueámos en los extraplomos de Tortiellas. Era nuestra primera salida al Pirineo. Un Puente del Pilar con muy buen tiempo. En la parte superior de la "Edil" se desprendió un bloque y bajaba por la canal derechito hacia mí. En un gesto de desesperación tiré en vano de los clavos de reunión intentando zafarme. Me puse las manos sobre la cabeza esperando el impacto. No llevába casco. La laja se fragmentó a unos centímetros de mi cabeza y unas esquirlas me abrieron una buena cuquera aunque superficial. Mareos, vomitos y a seguir para arriba. El Aspe tenía otros planes para mi.


1977. CAIDA ENCORDADOS.
Volví a repetir la "Edil" con Ricardo Martinena, el "Ateno". Ibamos encordados, trepando en "ensemble" y en un corto resalte difícil (IV inf), el Ateno que subía detrás se cayó. Sentí un fuerte tirón y resbalé por la placa. Si saltaba el resalte nos íbamos a matar. Pero conseguí detenerme y el Ateno por su parte tambien lo hizo. ¡Uff!



 
JACA 98 PRETENDÍA DESFIGURAR LA CARA NORTE DEL ASPE PARA HOMOLOGAR EL DESCENSO OLIMPICO.
Proyecto de remontes y pista de descenso olimpico proyectada por JACA 98
¡¡Menudo marronazo!! 


Yo le debía dos favores al Aspe: Que me perdonara la vida. En dos ocasiones nada menos, por eso tuve muy claro que tenía que impedir que el circo de Tortiellas alto y la vía normal del tubo fueran dinamitados y equipados con remontes en aquel proyecto demencial que tambien pretendía ubicar una estación de esquí en el glaciar de la Maladeta. Un empleado de sucursal bancaria, hombre de paja de la mayor entidad económica de Aragón, alcalde a su vez de la dichosa "perla" del Pirineo, y su compinche, un aventurero vasco, ambicioso y sin escrúpulos ambientales de ningún tipo, un auténtico mamón, habían embarcado a todos los agentes políticos y sociales en aquella aberración que se denominó "JACA 98"
Una tarde, mientras desmontábamos un tejado de losa en el pueblo de mi madre, Sinués, me quedé mirando las gargantas de Aísa y allí estaba el Aspe, tranquilito él y sin saber la que le estaban preparando pues al rebufo de las locuras que venían de Candanchú, por el norte, otros "emprendedores" presionaban desde el sur para hacer una carretera hasta el Rigüelo, pistas y remontes en Napazal y un tunel bajo el Aspe para conectar con Candanchú.
¡¡Y una mierda, capullos!! Y así fue como fundamos el flamante COMITÉ ANTI-JACA 98, y a pesar de ser tildados de chiflados y marginales y de que la policía me intervino el teléfono, y que Eduardito Viñuales y otros chavales fueron detenidos y tuvieron que sentarse en el banquillo, al final JACA 98 se fue a hacer puñetas y además tuvimos la ocurrencia de ofrecer la PRESIDENCIA  DE HONOR DEL COMITÉ ANTI-JACA 98 AL REY DON JUAN CARLOS Iº, que además era amigo personal de Eduardo Roldán, ¡chúpate esa, mamonazo!

Los montañeros se movilizaron. Desde Guipuzcoa, Ramón Fernandez, el padre de "Pirulo" pidió ayuda a los montañeros vascos para que la dinamita y las excavadoras no profanaran la montaña en la que su hijo había entregado la vida.
Organizámos una concentración en defensa del Aspe. Antes que el piolet preferí un palo de madera.
Vinieron casi doscientos montañeros, vascos, navarros, riojanos y aragoneses.
Algunos subieron por la arista, tambien otros por la sur. Aquí estamos empezando a bajar el "tubo"
Javi Berasaluze y otros escaladores pusieron cuerdas para facilitar el descenso.

En fín, fue una jornada inolvidable y hasta los propios trabajadores de Candanchú nos felicitaron por la movida y nos expresaron su apoyo. El Aspe, magnánimo con sus "defensores" detuvo la caída de una chica de la Asociación Cultural "Albada" de Zaragoza justo antes de los cortados que se precipitan a la Chorrota, y es que eran las tres de la tarde y seguían llegando montañeros, dispuestos a todo para dejar muy claro que al Aspe, ese familiar pedrusco con aspecto de "murciélago", ni se le dinamita ni se le domestica.


1993. PRUEBA TÚ, JOSÉ.   
Descartado ya aquel estrafalario y costoso "proyecto olímpico" sentí el deseo de volver a escalar otra vez la "Edil" del Aspe. Rebusqué entre mis cacharros y reuní una cuerda, unos clavos y mosquetones y convencí a un chaval del pueblo de mi mujer para que me acompañara. Bah, no te preocupes, yo iré delante. Pero quince años sin escalar y mi condición de "averiado" (lisiado) se hicieron notar. Para salir de la chimenea hay un paso difícil y extraplomado (IV sup), y no había manera. Yo no podía pasarlo. Entonces le dije a José: Oye, prueba tú, anda, ya te he puesto un clavo. Solo tienes que alcanzar una presa arriba a la izquierda. José pasó a la primera, sin pestañear. ¡Y ahora que hago, eh! me espetó José. Nada, tú tira fuerte de la cuerda.
Y así subí la "Edil" por tercera vez. Sin pedradas, sin caídas. Acariciando los bloques de caliza y terciopelo, los estratos en recta, los pliegues curvados, las rocas sinuosas del Aspe, la montaña que me vio crecer durante mi niñez, que trepé en la adolescencia y que sigo subiendo cada invierno y cada verano. Una de las montañas más importantes de mi vida.




Presentada en el club Montañeros de Aragón. GUIA DE ESCALADA: RIGLOS VERTICAL

El jueves pasado, Chema Agustín pasó para entregar a los colaboradores los ejemplares de su nueva guía (con Miguel Carasol)… Te paso documentos gráficos (yo salgo con una cara de cretino que no veas), por si quieres sacar reseña… A fin de cuentas, Rabadá y Navarro salen en ella un montón, y la guía “Riglos Vertical” es una preciosidad que se han autoeditado ellos mismos igual que tú, echándoles huevos a la cosa… Sí: ya me he dado cuenta de uno de los firmantes de la Vía Farreny que por aquí te envío, a modo de ejemplo del interior de la guía, donde destacan los 70 dibujos de Chema… O ciertos colaboradores más que pintorescos de Fontaneros de Oregón: Ursi Abajo, José Antonio Bescós, Pepe Díaz, Pedro Expósito, Quique Gracia, Ángel López, Fernando Orús, Gregorio Villarig…, y yo mismo (el más pintoresco de todos, porque, ¿qué demonios pinto en una guía así?). En cuanto a los “no de nuestra Sekta”, creo que hay que recomendar a Christian Ravier, entre otros ilustres…

Con esta simpática espontaneidad describe la nueva guía el amigo y colaborador del blog Alberto Martínez Embid.
 

El libro se vende, entre otros lugares, en Secretaría de nuestro Club, a 30 eurillos del ala… Es muy densa: 500 vías en 480 páginas… Tienen link: http://riglosvertical.com

  

Chema Agustín, autor e  ilustrador de la guía, entre los dos "Albertos"


Con Marta Iturralde y el señor Arantegui.



AYUNTAMIENTO DE MEZALOCHA: 
RESPALDO TOTAL AL HOMENAJE




Gracias María Antonia, tú y tu equipo municipal sois una gente encantadora. Sacaremos adelante el homenaje. Modesto, sí, pero sincero y cercano, donde los admiradores de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro tendrán la oportunidad de reunirse en torno al 50 aniversario de nuestra heróica cordada aragonesa. Habrá tiempo para los recuerdos, las vivencias y las emociones. Tambien para pasarlo bien, escalar un poquito, caminar por ese fabuloso cañón y disfrutar de una cena de hermandad montañera bien regada, eso sí, con los saludables vinos de Mezalocha. Un abrazo muy fuerte y muchas gracias por tu amistad y tu comprensión.





PIRINEOS NEVADOS. CADA VEZ SE VAN VIENDO MÁS PERRITOS EN MONTAÑA. PICO CULIVILLAS 2.517m 
El pasado domingo salió un dia perfecto para instruir a mi amigo Toño, "Cursillista", de 62 añitos, la criatura, en el manejo de las raquetas, el piolet y los crampones. Esta popular montaña estaba muy animada con grupos de raquetistas y esquiadores. En la cumbre coincidimos con un grupo del club Peña Guara, de Huesca, y entre ellos un muy apreciado ochomilista, Lorenzo Ortas. Proseguimos el cresterío en dirección al Vertice del Anayet pero se nos cayó una raqueta y buscándola perdimos bastante tiempo así que de común acuerdo con Juan Carlos y su perro "Gus" tiramos para abajo para pillarnos un menú en "El Molino" de Escuer.
El cursillo muy bien y Toño atravesó laderas empinadas de 50º de inclinación. ¡Este chaval llegará lejos, je, je!   


Video maravilloso, digno de ver. 
Son 6 minutos de una belleza abrumadora. Sirva como felicitación de Navidad. Ahí va el enlace. Es nuestra amiga Marta García Brea.

  Mi felicitación de Navidad es un vídeo que he colgado en Facebook y en mi blog: http://martagbrea.blogspot.com.es/ 



SEPRONA Y LA INTERPOL BUSCAN A PANCHITA
Dos gallinas, una paloma, despues una marmota y ahora un gato. La "ficha delictiva" de esta killer-perra crece sin cesar. Aquí está haciendose la buenecita practicando el senderismo. Pobrecita, ¡si ella es incapáz de matar una mosca! 
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

CARA NORTE DE LA TORRE DE MARBORÉ.





Rafael Montaner Aznar y Juan José Díaz Ibáñez
Boletín de Montañeros de Aragón, 49-50, julio-octubre de 1958

Nota previa de Pepe Díaz:
Siguiendo la costumbre en anuarios anteriores, había previsto para este año machacar al personal con el relato de nuestra primera ascensión a la norte de La Torre. Pues bien, recabando en boletines de la época encontré un artículo sobre esta escalada escrito por Rafael Montaner, cuyo contenido me ha parecido oportuno sacar a la luz, transcribiéndolo íntegramente, no sólo por su valor histórico, sino por el peculiar estilo de sus reseñas. A pesar de todo, me permitiré añadir dos comentarios, por aquello del qué dirán.
Sería más de mediodía de aquel 14 de agosto de 1958, cuando alcanzábamos la Brecha de Rolando. Habíamos dormido por encima de Cotatuero, con la intención de llegar al pie de La Torre esa misma mañana, pero una vez allí, nos dimos cuenta de que esa posibilidad ya se había desvanecido. Así pues, nos desprendimos de las mochilas, dispuestos a dar cuenta del almuerzo, o mejor dicho, a ingerir unas repelentes salchichas, cuyo origen sospechoso era capaz de desanimar al náufrago más hambriento, exceptuando a José Antonio Bescós, quien, a juzgar por la expresión, parecía estar ante el más exquisito de los manjares.
Mientras, el cielo se había ido encapotando seriamente, y al rato, un lejano trueno nos ponía en antecedentes de lo que se venía encima. Con tal motivo, decidimos que lo más prudente era bajar rápidamente hasta el cercano refugio de los Sarradets, dejando el asunto para el día siguiente. ¡Vana ilusión!, en ese momento se alzaba la voz de Alberto Rabadá negándose en redondo a variar los planes, con toda su tozudez, que era mucha.
Y así se organizó una discusión, que tal vez se hubiese inclinado a favor de Julián Vicente y este servidor, únicos oponentes en principio. Pero todo quedaría en tablas cuando José Antonio Bescós se ponía incondicionalmente al lado del Edil (alguna influencia tendrían las salchichas), con el fervor del hincha más acérrimo. Así las cosas, sólo podía sacarnos del atolladero Rafael Montaner, quinto componente del grupo.
Nuestro improvisado oráculo, en ese momento totalmente concentrado en sacarse el pañuelo del bolsillo con los dedos índice y pulgar, continuó impasible sin hacer caso a nuestras ansiosas miradas, para, una vez rematada tan complicada operación, dar con una solución tan sencilla como la de acompañar con todo el material a nuestros esforzados camaradas hasta el pie de la pared, regresando el resto de la tropa al refugio. Y para eso le han dado tanto bombo a un tal Salomón.
 

En fin, dicho esto, dejo el resto a su cargo, tal como anuncié al principio.

La Torre de Marboré
A las dos, dejamos a Rabadá y Bescós empezando la escalada; nos quedamos viéndoles pasar horizontalmente hasta el pie del impresionante diedro, que con sus cien metros casi forma la mitad del itinerario y, cuando los perdemos de vista, ocultos por una faja, volvemos reposadamente hacia el refugio de la Brecha de Rolando.
La intención de acostarnos temprano se retrasa algo por la llegada de un grupo de compañeros de Zaragoza y una tormenta que degenera en temporal, y que nos hace pensar que Bescós y Edil lo estarán pasando bien. De todas formas, a las ocho y media ya estamos durmiendo Nanín y yo. Pepe lo hace un rato después, y, entre sueños, le oigo decir con satisfacción, que sigue lloviendo. Mis sanas intenciones son dormir hasta las tantas como siga el temporal.
Pero mis perezosos proyectos son turbados por el señor Pérez, encargado del refugio, que a la voz de “Monsieur Montaner... Monsieur Montaner, hay un cielo espléndido”, acompañado de un enérgico meneo, me saca decididamente del sueño. Despierto a mis compañeros y abandonamos la habitación, no sin cierta envidia hacia los que quedan haciendo honor a los colchones de muelles. Desayunamos entre otras cordadas somnolientas y, después, partimos hacia la pared provistos de unos palos que, a guisa de piolets, nos servirán para cruzar las gleras y neveros que, sin interrupción, forman el camino de aproximación.


A las siete, empezamos la escalada; alcanzamos la base del diedro avanzando todos a la par por las sinuosas cornisas y comprobamos, con desaliento, que a esta temprana hora ya se escurre agua por toda la pared.
La otra cordada está empezando el paso horizontal que aparta la vía del fondo del diedro. Han pasado la noche cerca del suelo en un pequeño resalte al resguardo del agua. Nos saludan alegremente y empezamos la parte de verdadera dificultad. Subo hasta una cornisa, ayudándome con tacos de madera. La siguiente tirada la hace Pepe a libre con apuros, pues no en vano el paso es de sexto grado. Nanín se encarga de la desagradable tarea de recuperar el material.
Nos reunimos al principio del paso horizontal y quedamos esperando que Bescós, en cabeza de la otra cordada, alcance un buen sitio en la fisura que nos costó el año pasado una caída a cada uno, para que Edil, que lo asegura, pueda hacernos una fotografía –que dice impresionante-. Naturalmente, la foto ha salido quemada y desenfocada, pero, conociendo el sitio y con mucha imaginación, se ve que es impresionante.
Empiezo el paso horizontal. En vez de hacerlo en artificial, clavando por un desigual resalte, como las cordadas que nos habían precedido, ya con Bescós, en 1957, lo había pasado empleando el resalte para apoyo de pies, ayudándonos para alcanzarlo con un pasamanos podrido; luego, continuamos horizontalmente a base de incrustarnos a la pared y, casi sin respirar, para no perder el equilibrio. Y esta era mi preocupación, que no estuviera el pasamanos..., y no estaba
 
Pero Edil resuelve el problema alcanzando por el diedro otro resalte superior y descolgándose hasta el de abajo en una especie de dulfer a lo sucio. Después, sigue el paso por el resalte, en esta ocasión batido por una potente cascada de agua. Me evito la maniobra del dulfer gracias a una cuerda fija que nos dejan, y desde el otro lado, recupero a mis compañeros asegurando sobre el mismo pitón que nos sirvió el año pasado, al abandonar, para tender el rápel.
Al final de este paso, y tras una chimenea corta, alcanzamos el resalte del vivac en las primeras horas de la tarde. Edil parte en aquel momento a reunirse con su compañero y continuar otra tirada, supera dos extraplomos seguidos y, después de otra travesía horizontal, alcanza la base de la chimenea que desemboca en el Bouclier.
Como vemos que invertirán todo lo que queda de la tarde en alcanzar la serie de cornisas y fajas que componen el Bouclier, decidimos vivaquear allí mismo. Nos jugamos al chino el único saco de dormir que tenemos, alargando varias veces las partidas para amenizar la tarde.
El intranquilizador cúmulo que, por la mañana, era la única mancha que empañaba el cielo, como era de esperar, ha ido creciendo y, a media tarde, un nublado amenazador cubre todo el cielo. La boira subiendo desde el valle tapa poco a poco el circo de Gavarnie.
Al atardecer, oímos la voz de Bescós anunciando a grandes voces, no sé si a nosotros solos o a toda la comarca también, que está en el Bouclier; rato después, es Edil el que da las voces con la misma noticia respecto a él.
Cenamos y nos acostamos con relativo confort. Desde el interior de los sacos, contemplamos el cielo cada vez más despejado; por abajo, al retirarse la boira, va descubriendo, una a una, las luces de Gavarnie.
Sobre las siete, continuamos. Arranca Pepe, un poco acartonado aún por el frío, superando la fisura en una fatigosa y difícil tirada artificial. A su fin, nos tenemos que reunir toda la cordada en difícil posición, pues no disponemos de suficientes mosquetones. Sigo por los extraplomos bien provistos de pitones y doy vista al paso horizontal que vuelve la vía al fondo del diedro.
Desde la mitad de travesía hasta el final de la chimenea que sale al Bouclier, incluida una plataforma donde hay que reunirse, se queda debajo de una potente cascada. Nuestros compañeros ya nos han advertido que dejemos abundante ropa de repuesto; así que subimos con lo imprescindible para no dejarnos la piel por la roca.

A mitad de travesía, pido un chubasquero para preservarme algo del chaparrón y no me quito los pantalones, porque la difícil postura sobre un estribo lo hace imposible. Debe ser ridículo un individuo colgado de una doble cuerda con gabardina, pero sin ninguna preocupación por la estética sigo hasta la plataforma. Después de haber perdido el gorro de plástico, en un apuro, alcanzo el punto de reunión.
El chubasquero sirve de bien poco; el agua entra por el cuello y mangas y, la que se escurre por la cuerda que estoy asegurado, pronto me deja empapado, como si no llevase nada. 
Recupero primero a Pepe, que viene desconcertado por el mal genio que me ha sacado el remojón. Cuando me alcanza, no lo piensa nada y sale disparado hacia arriba entre el chorro de agua. A Nanín le tengo que pedir, por favor, que deje las clavijas que estén duras, pero que ni me quitan el frío ni evitan el mojarme, me hace aguantarle mientras despitona. Por fin le veo junto a mí y, sin explicaciones, salgo imitando a Pepe hacia el Bouclier.
Arriba, Bescós y Edil se han pasado el día esperándonos y secando su ropa al sol; cuando llegaron por la tarde sin ropa de repuesto, como nosotros, tuvieron que vivaquear desnudos dentro de los sacos; pero, durante toda la mañana, se han desquitado tomando el sol como lagartos. Cuando llego, ya no hay sol; un nublado parecido al del día anterior lo ha ocultado. Me desnudo metiéndome en un saco y, entretanto, aparece Nanín con pinta de naufragio, que hace lo mismo que yo.
Deliberamos. Nuestra única ficha técnica consiste en lo que cada uno recuerda del croquis aparecido en Altitude y el relato de Jean Ravier publicado en Montaña. Afortunadamente, la vía es evidente, y Bescós continúa ahora con Pepe; mientras, Nanín y yo tiritando dentro de nuestros sacos, somos consolados por Edil.


Al fin nos llega el turno. Me tengo que poner los pantalones. Permanezco todo lo que puedo con las piernas rígidas para no estar en contacto con la pana mojada, pero, cuando me agarro a la pared, ya no puedo evitar la desagradable impresión. Espero en una cornisa muy plana y sigue Edil otro largo también entre agua, pero que se puede atravesar rápidamente. Contemplo alborozado los espasmos de Nanín al ponerse los pantalones.
Continuamos varias tiradas más, todas de poca dificultad, y alcanzamos a los otros al pie de un torrente que baja por un diedro. Bescós está colgado, empeñado en subir por la pared seca de la izquierda, pues la otra por donde claramente sigue la vía, es un chorro de agua. Hacia la mitad, sin otro remedio ya, se tiene que meter por el fondo del diedro, por donde alcanza a costa de otro remojón una faja diagonal. Sigue todo lo que da la cuerda puesta sencilla, pero desde donde llega no alcanza a ver una salida segura para aquella tarde. Así que, ante el temor de no poder salir en el par de horas de luz que nos quedan, desciende Bescós y nos preparamos a vivaquear otra vez en un confortable nido de cuervos, que rellenamos con las hierbas y pajas subidas por innumerables generaciones de cuervos a otros nidos menos amplios.
Nos repartimos equitativamente nuestras cortas provisiones y el cansancio acalla las protestas del estómago, sumiéndonos en el sueño.
Seguimos al punto de la mañana; Edil y Pepe abren la marcha. Subimos el diedro por el que casi no cae agua, y, mientras recupero a mis compañeros, veo cruzar la otra cordada un paso cincuenta metros más arriba. A partir de aquí, la dificultad decae totalmente; subimos una serie de gradas y cornisas; después, una chimenea extraplomada, donde la abundancia de presas llega a estorbar, y, poco más arriba, tropiezo con Pepe, empeñándonos en discutir la mayor dificultad de las distintas vías que hemos seguido en el último trozo. Como los estómagos vacíos no son buenos consejeros, viene Edil a poner paz y aplazamos la discusión para la sobremesa. Seguimos todos hasta la cima, y, ya
en ella, recuerdo la diversidad de criterios que había para esta fecha; unos querían ir a la playa de Salou a bañarse y, otros, a intentar esta pared, y pienso, con regocijo, que todos nos hemos salido con nuestra idea, nos hemos bañado y hemos hecho una buena escalada.

Nota final de Pepe Díaz:
Hablando en términos matemáticos, conviene aclarar que el reparto de víveres mencionado al final del artículo, consistía en dos quesitos y una lata de sardinas dividida entre cinco, cuya parte alícuota, no era precisamente como para tener un detalle con el vecino.
Estas curas de adelgazamiento, a las que muy a nuestro pesar nos sometíamos con frecuencia, daban más bien resultados negativos, como puede apreciarse en la foto del grupo. Pero tenían también, la parte positiva de provocar entre las más allegadas féminas del club, cierto sentimiento protector, gracias al cual, se establecía una especie de competencia gastronómica, muy celebrada en aquellas salidas colectivas, a las que procurábamos no fallar, llevado por un noble y desinteresado amor por la naturaleza.
Se originaba así una corriente de simpatía entre benefactoras y damnificados, que, en el peor de los casos, terminaba en la vicaría. Y, con esto, no pretendo señalar a nadie, pues ya se sabe: Dios escribe derecho pero con renglón torcido.





LA NORTE DE LA TORRE DE MARBORÉ (1977)
Veinte años más tarde de la ascensión de los escaladores aragoneses, la cara norte de la Torre de Marboré conservaba casi intacta su reputación de gran vía de escalada a pesar que en 1971 ya había conocido la primera ascensión invernal por los pirineístas franceses Louis Aoudubert, Raymond Despiau y Francis Tomas con dos vivacs en la pared y una fuerte tormenta de nieve que puso en serio peligro sus vidas. La madre de Francis me relataba la angustia que tuvo que pasar cuando en Gavarnie ya se temían lo peor. Pero por suerte todo acabó bien para los tres y poco a poco la norte de la Torre fue conociendo repeticiones, promocionada entre las mejores vías del Pirineo en el libro de Patrice de Bellefon "Las 100 mejores escaladas" .

En otoño de 1977 Jesús Ascaso, Francisco Estaún, Javier Avellano y yo escalamos aquella cara norte siempre austera y sombría pero bastante equipada con pitones y tacos de madera.
Tiene una hermosa travesía (El Escudo) bastante difícil, VIº, pero el resto era de un nivel donde los tres aragoneses y el madrileño Javier "El apañao" nos moviamos con soltura.
Los cuatro ibamos con botas de alta montaña, nada de "gatos". Yo mismo la subí con unas rígidas y pesadas Galibier "super guíde", muy adecuadas para las minúsculas repisitas pero no tanto para los pasos de adherencia que por fortuna eran pocos.
Creo que la pared en concreto nos costó unas seis o siete horas.
En el descenso Jesús Ascaso empezó a sufrir a causa de unas terribles ampollas. Claro, estrenaba botas. Recuerdo que caminaba descalzo por el sendero del Puerto de Bujaruelo con unas gruesas medias de lana. Creo que esta ascensión se la debemos a él, por llevarnos en un amplio coche que tenía  entonces. En San Nicolás funcionaba una hospedería y nos tomamos una sólida merienda-cena antes de regresar a 
Zaragoza muy contentos con nuestra magnífica escalada.

No llevábamos cámara de fotos en aquella ocasión. Aquí estoy con Javier Avellano, en la Sierra de Madrid. Javier Avellano murió de muerte natural en un refugio de la Sierra de Gredos en 2008.
Otro Javier, Olivar, amigo y compañero, guarda que fue del refugio de Góriz consiguió la 1ª invernal en solitario de la cara norte de la Torre de Marboré en 1990 y murió cinco años más tarde en la cumbre del K2. Una hermosa pared, esta "norte" y muchos recuerdos de nuestra vida montañera.
   La cara norte de la Torre de Marboré fue intentada por vez primera en 1955 por los hermanos Jean y Pierre Ravier y Guy Santamaría. Una tormenta los empapó durante el vivac y tuvieron que descender. Al año siguiente Jean Ravier y Claude Dufourmantelle consiguieron la primera ascensión el 30 de septiembre de 1956. La segunda ascensión corrió a cargo de Jean Ravier, Raymond Despiau y Patrice de Bellefon.



Con Javier Olivar,  primer escalador en solitario invernal de la cara norte de la Torre. Foto tomada en la cumbre de la LLena Garganta, 1979. Lo de la Torre pega bastante pues él se llamaba Olivar de la Torre. ¡Muy buen amigo!



¡SON CHOVAS, NO CUERVOS, SR. DÍAZ!
Largo y prolijo relato para doscientos y pico metros de escalada. Por suerte al final del verano las chovas ya han sacado adelante a sus polluelos y no tendrían que defender sus nidos de los "vivaqueadores" zaragozanos desvalijando las hierbecitas para prepararse su catre. Por fortuna las chovas son gritonas pero no atacan, a diferencia de los cuervos, pajarrucos ellos con muy mala virgen si se les molesta.
Foto: Eduardo Viñuales.
   


FELIZ NAVIDAD. SALUD, AMOR Y MUCHA PERO MUCHA MONTAÑA PARA 2013 .
Dos buenos amigos, una parejita simpática y feliz nos desean felices navidades. Marta y Alberto desde el imponente Moncayo que este invierno ya tiene un bonito manto de nieve.
Como todos los finales de año pienso subir a la cumbre con cuñados y amigos. Será el domingo 30 de diciembre. Inicio en el refugio municipal de Tarazona a las 09:00 A.M y sobre las 10:00 A.M en el Bar de la Hospedería (Santuario).
¡Ánimo, estais invitados, subiremos por la loma norte, la ruta más sencilla, a la derecha del Pozo de San Miguel! LLevad los hierros.    
 
Otros amigos, Gregorio y Pilar, desde Pamplona, nos expresan su sentimiento navideño con la preciosa flor de nieve. Sencillez y pureza = Belleza.





BUITRES Y QUEBRANTAHUESOS, APRENDIENDO A DIFERENCIARLOS.

Buitre común o leonádo. Gyps fulvus. Cola corta y recta. Foto: Eduardo Viñuales.



Buitre quebrantahuesos. Gypaetus barbatus. Cola larga y romboidal. Foto: Eduardo Viñuales.


En estas fotografías tomadas en la zona sur de la Sierra de Guara se aprecian de manera inequívoca las diferencias morfológicas de estas dos aves carroñeras que habitan nuestras montañas.




EL ÁGUILA PERDICERA A PUNTO DE DESAPARECER EN LA SIERRA DE GUARA. 
En 1985 había censadas cinco parejas reproductoras. En la actualidad, según asegura el director para Aragón de la Sociedad Española de Ornitología, SEO, en la Sierra de Guara no hay más que una sóla pareja reproductora de águila perdicera. Luis Tirado explica que esta soberbia rapáz no soporta la presencia de escaladores en sus hábitats de nidificación, de preferencia pequeños roquedos en la parte baja de valles y cañones. El águila perdicera escoje estas ubicaciones porque le es más comodo llevar sus presas en descenso. La escalada deportiva busca los mismos roquedos por su escasa entidad, nulo compromiso y por ser fácilmente accesibles desde pistas y senderos.