Homenaje a los escaladores Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, en el cincuenta aniversario de su muerte en la cara norte del Eiger.

LA ASISTENCIA AL HOMENAJE ES LIBRE Y NO HAY NINGÚN INCONVENIENTE EN QUE, QUIEN LO DESÉE, PUEDA CENAR CON SUS PROPIOS ALIMENTOS AUNQUE PARA HACERLO EN EL CATERING DEL PABELLÓN ES IMPRESCINDIBLE LA RESERVA CON 25 EUROS.

¡NO FALTEIS, OS ESPERAMOS EN MEZALOCHA!



jueves, 16 de mayo de 2013

RECUERDOS DE "GAINZA"






De charla con José Gainzaráin
Alberto Martínez Embid

            Nuestro apreciado “Gaínza” lleva años acudiendo a las tertulias de los jueves en Montañeros de Aragón. Las más de las veces, para aportar toda clase de datos a quienes están interesados en conocer cualquier recoveco de su dilatada trayectoria. Así, el tema de Rabadá y Navarro no podía dejar de aparecer en estas amistosas charlas…
            Hace unas semanas, me acerqué por el domicilio de José Gainzaráin para hablar largo y tendido de diversos temas relacionados con la crónica de nuestro Club. Me atendió con su cortesía habitual, a pesar del reciente fallecimiento de su esposa, María Elena; un golpe del que nuestro veterano trata de sobreponerse con su energía acostumbrada… Y esto es lo que contó “Gaínza” respecto a los escaladores más descollantes que tuvo Montañeros de Aragón:
            “Recuerdo bien que Alberto Rabadá venía mucho por Montañeros. Entonces no había una brecha tan grande con los escaladores, que hacían vida con quienes no escalábamos. Por ejemplo, a Pepe Díaz lo conocí en el cuarto pequeño que entonces tenía el Club en Gran Vía: estaba tocando la guitarra con otros. Entonces solo teníamos la zona que ahora corresponde a la Biblioteca: no nos habíamos hecho con el espacio actual, que antiguamente era el piso de los conserjes. Tuve asimismo mucho trato con Rafael Montaner, quien también hizo mucho porque hubiera unión entre quienes solo andaban y quienes escalaban. Y así fue: todo Montañeros estaba muy unido por entonces.
”A los escaladores los tratábamos muchísimo en el tren, cuando ellos iban a Riglos. Rabadá y Navarro eran muy majos y agradables los dos. No solo les tiraban las cosas de escalada: a menudo participaban en el resto de las actividades de Montañeros, donde se mezclaban con todo el mundo. Iban a marchas de regularidad, a carreras, a esquiar… Sobre todo, Rabadá. Y cuando hablaban, no le daban la menor importancia a lo que acababan de escalar, ni a lo que seguidamente iban a hacer. Nos enterábamos de la relevancia de cuanto conseguían a través del Boletín: en el Club, todos pensábamos que Rabadá y Navarro eran buenísimos y que nadie más hubiera podido subir por donde ellos lo hacían. Leíamos sus artículos con un enorme interés, muy orgullosos de ellos.



”Cuando Alberto Rabadá y Ernesto Navarro murieron en Suiza, nos quedamos todos muy chafados. Fue muy penoso cuando tuvimos que poner en el cuarto pequeño de Montañeros los féretros, nada más traer sus restos a Zaragoza. Ayudé a acondicionarlo con Benedí, con el Sebas y con otros. Acudimos en masa al entierro en Torrero, donde se vio una verdadera multitud. También se hizo una misa en Riglos, junto al monumento, a la que fue muchísima gente.
”Todo aquello fue muy triste: hay fotos del velatorio y de las misas que todavía hoy resultan impresionantes”.
            Como se ve, escuchar a los veteranos de nuestro deporte es siempre una experiencia enriquecedora. Sobre todo, si se desea comprender a fondo alguna faceta del pasado. No todo está en los libros.


"Gainza" en los años 60.







PICO DE LA RIPERA 2.822 m
Corredor norte. 8 de mayo de 2013

Un día gris y lluvioso. Alberto y Victor cargan con paciencia sus esquís desde el pueblo de Panticosa. La nieve se ha subido a los 2.000 metros.
Entramos al corredor y la niebla nos envuelve. Hay unas enormes avalanchas y una gran acumulación de espesores y masas de nieve sin caer...
Son 200 metros de canal empinada a 45º y un corto tramo helado. Itinerario nº 33 de la guía "Sabocos-Comachibosa"   Arriba se abre el embudo y alcanzamos la arista. LLueve y me quedo helado. Por gilipollas, me he dejado el impermeable en casa. Los tres vamos hasta la cumbre y decidimos renunciar a crestear hasta la Tendeñera. En esa niebla tan densa podríamos no encontrar nuestro collado y amanecer en los barrancos avalanchosos del Valle de Otal. El corredor se destrepa bien y oimos caer pequeños aludes de pared. Alberto y Victor se calzan los esquis. Serán casi doce horas de actividad para subir y bajar un desnivel de más de 1.700 metros.

En rojo, trazado del corredor norte del Pico de la Ripera 

Alberto llegando a la cumbre


Victor se va para la cumbre



No para de llover, hay que descender, me estoy empapando




Placa en memoria de un joven escalador británico fallecido en la Ripera










 1973-2013 PRIMERA INVERNAL A LA CARA OESTE DEL NARANJO DE BULNES. UN RELATO DE CÉSAR PÉREZ DE TUDELA EN EL 40 ANIVERSARIO.

La emoción. XL Aniversario de aquella escalada al Naranjo de Bulnes (febrero 1973) que transmitió a España la verdad del alpinismo. Portadas en los diarios, Crónicas en la televisión, Editoriales en las páginas de Opinión…

España siguió con temor -durante dos semanas- una escalada que podía convertirse en una tragedia anunciada

La vida es en definitiva momentos. Esos instantes esenciales que llevan sustancia, con el escalofrío de la emoción intensa, la alegría o la constante incertidumbre… del que vive casi en los sueños, tan frecuente en las escaladas de las cimas.

Y  trato de volver al ayer, recordando esas vivencias de hace más de 40 años…

Dudas… ¿Seré capaz?… ¿Por qué he cambiado mis cómodas expediciones de explorador-periodista por esta escalada popularmente calificada de trágica?

El desánimo

Si esta incertidumbre continua, si la pared  no se limpia del hielo que la acoraza, si las decenas de periodistas que nos siguen desde Cabrales, o desde Potes, no nos dejan tranquilos, metiéndonos prisa, yo debería fracasar. Más aún quería probar el sabor del fracaso tras unos años de éxitos rotundos limpiamente logrados: la pared del Eiger, entonces la más dramática y temida escalada de la Tierra, la primera al Badile, mis respuestas de montañismo y expediciones ante una España que vivía pendiente de la Televisión… ¡No se podía triunfar siempre!

Veo al Ardilla cómo escala con increíble seguridad los difíciles pasajes de la entrada de la pared, limpiando el hielo de los pequeños agarres, colgándose valientemente de sus dedos desnudos….

Y sé que pensé: con este compañero me atrevo a todo y voy a seguirle con riguroso cuidado. 
 Pero a mi memoria llegan también momentos de oscuridad, ascendiendo en una noche sin luz, hacia la salida de los “Tiros de la Torca”, para encontrar los equipos de supervivencia, sin ningún seguro, escalando rocas y nieve inestables, sintiendo el riesgo total, asegurado lejanamente por el Ardilla sesenta metros más abajo, para luego descender cargado con la pesada mochila, como si estuviera en un sueño o fuera sonámbulo. -Si no caigo será un milagro- Así fui aceptando ese riesgo inevitable –posiblemente excesivo- Algo muy próximo.

Al día siguiente me sentía un “condenado” por mí mismo, a seguir escalando, tras un incomodo vivac lleno de sueños trágicos, enfrentándome a la entonces problemática travesía, con las grandes botas dobles, en equilibrio, en unos pasajes sin garantía de seguros hasta alcanzar la reunión conocida con el nombre de la “Guitarra” desde la que tenía que “rapelar” colgado de una clavija que se movía con la mano.

Deberé de seguir confiando solo en mí mismo, dudando a cada paso de mis facultades, probando y entusiasmándome a la vez de mi valentía, o quizás sería más adecuado llamarlo audacia, consiguiendo paso a paso ir llegando a esa zona con mejores perspectivas de apoyos y agarres.

Después vivía esos instantes fantásticos de alegría incomparable viendo que lo estaba consiguiendo. ¡Qué maravilloso es saber que el valor me ha asistido y quizás guiado en esos momentos de dificultad, que ese día eran extremos o a mí así me lo parecían!

La llegada al vivac, a la exigua repisa llena de nieve, en donde vivaquearíamos por segunda vez, esperando el atardecer, mirando como las avionetas y los helicópteros provocaban la caída de nieve y del hielo con sus evoluciones sobre nuestras cabezas, fotografiando las impresionantes escenas que nuestra presencia propiciaba, antes nunca transmitidas por televisión a toda España, ni fotografiadas… Eso era alpinismo en estado auténtico…  Por un radioteléfono -como un milagro- nos llegó el pronóstico que Mariano Medina –el hombre del tiempo- había elaborado para nosotros. ¿Es que éramos tan importantes?

Más tarde, noche cerrada, esperando el amanecer, entonamos  canciones, ejerciendo ese precioso compañerismo junto al Ardilla y al lado José Ángel Lucas con el Murciano –nuestros rivales- pero… en esos momentos de peligro –nuestros amigos- con quiénes compartimos el equipo y los escasos alimentos…

El amanecer… Reemprendiendo la acción, superando cansancios, ejercitando esos equilibrios y esfuerzos con frío y con viento…

Parecía que lo estábamos logrando tras superar el enorme “Diedro” en una constate escalada espectacular. El Murciano y José Ángel Lucas habían ido delante, al confundirme yo a partir del vivac.

Yo sentía el cansancio de mis 30 años –ya era un veterano- cargado de pesadas cuerdas recuperadas,  imparable hacia la cima.

Enseguida llegó la noche y tras la cima planteamos el descenso del “Anfiteatro” acorazado por las intensas nevadas,  que el Ardilla resolvió con maestría y seguridad haciendo ocho o diez rapeles.

Descendiendo por la “Canal de la Celada”, paramos los cuatro para recuperar el aliento, fue cuando el Ardilla dijo con la ingenuidad de un niño: “Ahora no podemos saber lo contentos que estamos”







ASPE: LAS RUTAS DE LA VERTIENTE NORTE SEGÚN LA REVISTA DESNIVEL


En 2007 la cordada de Juan Nadal y Carmelo Torrijo trazó un moderno itinerario siguiendo la línea más directa por el centro del Espolón norte. Es la vía "Jesús Yarza", sólidamente equipada con abundantes parabolts y clavijas convencionales lo que la hace muy atractiva para los escaladores modernos, reticentes a los terrenos de aventura, sin seguros y con mucha exposición.
En un principio me sentí contrariado por la vía de mi buen amigo y compañero de escaladas Carmelo Torrijo, ya que de hecho, la "Vía Jesús Yarza", coincide bastante, o va muy próxima, a la vía "Espolón norte" que abrí en 1977 con otro magnífico escalador, Francisco Estaún.
Ha quedado acreditado que Carmelo y Juan Nadal desconocían la existencia de una vía en el espolón norte del Aspe. La circunstancia además, de que la hayan dedicado a mi buen amigo Jesús Yarza, persona a quien tantos favores debo, me hace ver el asunto en positivo. Ahora, gracias al moderno equipamiento instalado por Torrijo y Nadal, muchas cordadas se aventuran en ese formidable bastión de placas. La ruta antigua, más sinuosa y comprometida apenas se había repetido aunque nunca pasa de Vº. Dicho esto me gustaría que las paredes de la alta montaña, en especial el querido Aspe, con su roca noble y franca, se mantuvieran en el espiritu de riesgo y aventura que muchos escaladores esperan encontrar en los Pirineos.

domingo, 12 de mayo de 2013

NAVARRO, EL PICU URRIELLU Y RABADÁ ¡VAYA TRÍO!


Por su indudable interés, recuperamos esta colaboración del veterano alpinista leonés Isidoro Rodriguez Cubillas, autor de excelentes guías sobre los Picos de Europa y que participará como ponente del  homenaje en Mezalocha.
Tambien desde este blog se valora la modesta progresión de "Miquel", el joven montañero leridano, admirador de Rabadá y Navarro, quien hace sólo un par de meses se puso unos crampones por vez primera y ahora, acompañado por su fiel perro "Fox", se atreve con las altas montañas del Pirineo catalán. Es el pico de "Lo Corronco", de 2.543 m de altitud.

 
 Este es el relato de Miquel.




Yo como ya sabeis soy un novatillo. Pues hice "Lo Corronco"  (2.543m) partiendo de la ermita de Sant Quirc, Durro. (1.510m)  
El temporal no era muy favorable ya que me llovió, nevó y si fuera poco en la cumbre se me giró fuertes vientos y se me echaron las nubes encima...sí, lo sé, fue muy insensato por mi parte ya que había mucha nieve que no me esperaba y estaba presente el factor aludes. Hay que decir que me fije bien la ruta que quería tomar evitando así los famosos "tubos" o paredes que invitaban a ser arrastrado por alguna alud. 
Cabe decir que mi falta de material de nieve también me hizo replantear en variadas ocasiones el retorno al inicio de mi partida, solo contaba con unas simples botas de montaña y unos palos de trekking (de mi madre). 
Como comentaba mi falta de material hizo que me calara el agua en los pies y a los 2.000 m con el frio se me hicieran posteriormente algunos cortes etcétera. 

Mi acompañante fue mi perro, Fox, al que yo llamo a veces, zorro negro. Estuvo fuerte, incansable y no se separo de mi en ningún instante, todo un seguro de vida. 
Pude comprobar que no teme a las alturas, ni a los fuertes vientos, ni a los paquetones de nieve, ni si quiera a los buitres para arrebatarles unos huesos, esta hecho un verdadero osado.

Por suerte no fue el único animal que me acompaño a la cima hubo vacas, rebeco, buitres, águila y pajaritos.

Me compliqué la vida en el ascenso, pensando que elegía la ruta más corta resulto que elegí la más larga por esa misma razón el tramo final se me hizo muy cuesta arriba, nunca mejor dicho.

¡Toda una pasada! Me lo pase genial y espero volver pronto para poder hacer la cima de al lado. Te dejo unas pocas fotos que tome con el móvil hasta que se me apago por el frio.
 Lo Corronco


 

Esta ultima foto del perrete sentado casi en la cumbre fue la ultima foto que pude tomar, el frio se empezaba a notar en el cuerpo sudado. En una de las fotos se puede también apreciar la vaporización del agua, solo necesitó 4 rayitos de sol para que yo tuviera que salir del sitio, fue flipante. Como he dicho, el tiempo fue muy variado.

Fox en la cima de Lo Torronco.
Nuestro colaborador Miquel Sopena.

Gracias Miquel, estupenda subida. Ahora vamos con el valioso artículo de Isidoro Rodriguez Cubillas, el escalador decano de los montañeros leoneses. 



NARANJO DE BULNES.
UN SIGLO DE ESCALADAS
Ediciones Desnivel 2000   



Al atardecer de una larga jornada de verano, cuando el sol comenzaba a perder su hidalguía e iniciaba sus cotidianos juegos cromáticos coloreando la llambría bermeja de la vertiente occidental del Naranjo de Bulnes, dos solitarias y minúsculas figuras avanzaban lentamente, con la tranquilidad que da la satisfacción de un trabajo bien hecho, remontando los últimos metros que les quedaban para alcanzar el punto culminante, donde sólo la pétrea imagen de la Virgen de las Nieves les contemplaba en silencio, impasible.

En el cuaderno que estaba introducido en la petaca metálica de la cima del Naranjo escribían:
“21-8-62. Escalada realizada por la cara Oeste, con un tiempo formidable para lo que nos esperábamos de Picos. Algo de niebla durante la excursión por esta pared, la más hermosa y formidable que hasta la fecha hemos conocido. Somos dos excursionistas zaragozanos que nos sentimos orgullosos de poderla ofrecer desde estas líneas a todos los montañeros españoles que alguna vez han soñado con la escalada de esta provocadora pared.
Debajo estampan sus firmas y a continuación anotan: “cordada Navarro-Rabadá”.

Esta escueta nota esconde una de las actividades más sobresalientes que hasta entonces se habían hecho en los Picos de Europa, y además aquí, en el Naranjo de Bulnes, donde hacía poco más de medio siglo don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa y Gregorio Pérez, el Cainejo, habían colocado el jalón que marcaba el inicio de la historia de la escalada deportiva en España.


Navarro era neófito en el Picu Urriellu, como los lugareños conocen al Naranjo de Bulnes, y Rabadá había tenido un breve contacto con esta montaña a la que había ascendido por la cara sur en el mes anterior con los santanderinos Rodolfo Amorrortu y J. M. Aja, pero desde el año 58 entraba en sus planes e incluso ya había hecho un intento de venir a los Picos de Europa para acometer esta escalada que finalmente tuvo que aplazar al sufrir un accidente laboral Domingo Arenas, que era quien entonces le iba a acompañar.
      
Cinco jornadas, cinco días de trabajo en la pared más espectacular e inaccesible de los Picos de Europa, tan sólo brevemente interrumpidos por la salida que tuvieron que hacer a media pared, por los Tiros de la Torca, en busca de agua y alimentos.
           
En esta ocasión la conjunción no pudo ser más perfecta: por una parte dos escaladores íntimamente compenetrados, una cordada que atesoraba los valores más genuinos como el valor, la tenacidad, la técnica, la táctica, la destreza, la resistencia, la perspicacia y sobre todo el inmenso amor por lo que estaban haciendo, y por otra parte la excepcionalidad de la muralla occidental del Naranjo de Bulnes, esa montaña cortada a pico por los cuatro costados y que por esta vertiente hace gala de su más hermosa imagen, símbolo como ninguna otra de lo que se nos antoja inaccesible a primera vista. Como no podía ser de otra manera estos ingredientes hicieron que el resultado fuera la más bella línea de escalada que entonces se había trazado dentro de nuestras fronteras.
           
Desde ese momento el Naranjo de Bulnes pasó a pertenecer a Alberto Rabadá y a Ernesto Navarro, pero también ellos quedaron para siempre anclados a la historia del Picu Urriellu.
           
La escalada de la Oeste del Naranjo tiene de todo lo que podamos desear: una roca adherente como ninguna, franca y compacta en todo el recorrido, diedros, placas, fisuras, chimeneas, travesías…, hasta un rápel pendular tuvieron que hacer Rabadá y Navarro (que desde la segunda repetición pasó a ser un corto rápel normal).
           
En los años sesenta y el primer lustro de los setenta no había en España otra escalada más estimada en nuestro país, y su recorrido era prácticamente obligatorio para todos aquellos que se sentía escaladores de alto nivel. Esto hizo que paulatinamente se fueran incorporando a la historia de la Oeste nombres de cordadas que han dicho mucho en el devenir de nuestra escalada: Régil-Villar-Rosén, Ursi Abajo-Jesús Ibarzo, Lastra-Caro, Tapia-Santaquiteria, Udaondo-Estanis,…
           
Desde entonces mucho se ha escrito y comentado sobre esta vertiente occidental del Picu Urriellu que cuenta con más de una treintena de trazados (el número de vías al Naranjo anda por las ochenta), los sucesos se fueron concatenando en los años siguientes haciendo conocida esta montañas para los que no se encuentran sumergidos en este ambiente, trágicos accidentes, agónicos rescates, escaladas solitarias, invernales, espectaculares epopeyas de supervivencia, femeninas, escaladas enteramente en libre, récords de velocidad, nuevos itinerarios que rayan lo imposible…, pero la llambría bermeja sigue ahí, como siempre, serena pero desafiante, y con la misma altivez con la que la pudieron contemplar Rabadá y Navarro en la tarde del 14 de agosto de 1962, cuando aún estaba virgen.
           
El madrileño Francisco Caro después de haber hecho la cuarta repetición a la Rabadá-Navarro de la oeste del Naranjo escribió:
“De mi mente no se aparta el recuerdo de Rabadá-Navarro ¡Qué corazón hizo falta para ir remontando poco a poco esta ciclópea pared! Pienso que están aquí, sí, se que están aquí y que seguirán eternamente, porque este itinerario es parte de sus vidas, de su afición y de su recuerdo. Quien quiera saber como eran, en la cara oeste del Naranjo de Bulnes encontrarán la respuesta”
           
Con indignación he escuchado muchas veces el nombre de la vía Rabadá al Naranjo, injustamente olvidando con frecuencia a Navarro, sin duda por una total ignorancia y desconocimiento de la historia, pero estos dos personajes quedaron indisolublemente unidos desde el 2 de mayo de 1959 fecha en la que abrieron su primera vía juntos en la vía de los Diedros a la Peña don Justo, en sus queridos Riglos, hasta que juntos llegaron al final de sus días en agosto de 1963, cuando el mal tiempo les sorprendió en la pared norte del Eiger.

Isidoro Rodríguez Cubillas





lunes, 6 de mayo de 2013

RABADÁ Y NAVARRO DE ACTUALIDAD EN EL MUNDO DEL MONTAÑISMO




La tragedia de Rabadá y Navarro, según Agustín Faus     

Agustín Faus

El pasado 6 de marzo, Agustín Faus presentaba en la sede de Montañeros de Aragón su, por ahora, último libro: “La larga excursión” (2012). Asistieron al acto, entre otros, el presidente de dicha entidad, Ramón Tejedor, el de la FAM, Luis Masgrau, y el escritor Celedonio García. Entre las densas 432 páginas de esta obra, no hay exceso de referencias al deporte aragonés: apenas una alusión a los contactos del autor con Ángel Serón, hacia 1947, con motivo de que éste les pidiera “permiso” para intentar la peña Sola de Agüero. Además, con José Antonio Bescós formó cordada en los Alpes de Chamonix, en 1960.

        Por ello, destaca la atención que el veterano escritor barcelonés le dedica a las figuras de Alberto Rabadá y a Ernesto Navarro. Así se expresaba sobre los desaparecidos trepadores:

        “Los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro lograron vencer la llamativa cara Oeste del Naranjo en agosto de 1962. Eran unos grandes escaladores. Rabadá había hecho la ascensión de la vía normal de la cara Sur solo unos días antes, con el veterano cántabro Rodolfo Amorrortu, gran conocedor del Naranjo. Ernesto Navarro no había estado nunca en ningún lugar de los Picos de Europa: desconocían las características de la roca caliza, pero triunfaron. Un año más tarde (agosto de 1963), la misma cordada formada por Rabadá y Navarro fue a los Alpes por primera vez, con intención de escalar el Eiger por la muy difícil cara Norte. El tiempo se puso malo, y luego peor, pero ellos no quisieron retroceder. Y en el tétrico nevero llamado La Araña, ya muy cerca de la cumbre, hallaron la muerte los dos, tras varios vivacs inmovilizados, y a la vista por el potente telescopio de todos los turistas del Hotel Kleine Schneidegg. Sus cuerpos fueron rescatados de manera tanto o más dura y dramática que su propia muerte”.

        Un poco más adelante, Faus retomaba el triste asunto. De este modo explicaría cómo discurrió el epílogo de la tragedia aragonesa en el Eiger:

        “A Paul Etter le conocí muy jovencillo, pero ya era guía alpino, muy bueno y famoso. A principios de 1964 se dio a conocer con otros dos compañeros suyos [Sepp Henkel y Ueli Gantenbein], también muy jóvenes, cuando llevaron a cabo en pleno invierno el complicado descenso de la cara Norte del Eiger. Posiblemente lo planearon en tal fecha porque ellos sabían lo que iban a encontrar durante aquel descenso: los cuerpos congelados de los aragoneses Rabadá y Navarro, que habían muerto el verano anterior en aquella terrible cara Norte, sorprendidos por el mal tiempo en el gran nevero superior llamado La Araña. Ellos hicieron lo que pudieron para descender los cuerpos de los dos españoles, pero durante el tercer vivac oyeron el retumbar de una avalancha y al amanecer comprobaron que los cadáveres de Rabadá y Navarro habían desaparecido, precipitados al vacío por el alud. Ellos prosiguieron en su laborioso descenso y al llegar abajo supieron que los cuerpos ya habían sido recogidos al pie de la pared y enviados a Aragón y que se había recibido una invitación de la Federación Española de Montañismo para que los tres visitaran España […]. En el invierno de 1985, cuando ya había logrado todo lo que ambicionaba de jovencito, durante una plácida excursión de esquí en los Grisones, una avalancha le llevó y le sepultó [a Paul Etter], junto con su esposa y unos amigos. Pero el recuerdo de Paul Etter y sus ideas siguen presentes en las páginas de su libro [“Hacia las cumbres”]. Y posiblemente también habrá consolidado buena amistad en “el cielo de las montañas” con Rabadá y Navarro, los dos españoles que él había contribuido a liberar de la terrible cárcel de hielo en la cara Norte del Eiger, cuando ya habían perecido en el momento más duro y también más alto de su gloria”.

Va a resultar muy complicado no recordar a Alberto Rabadá y a

Ernesto Navarro en este 2013 que tenemos en curso. Sobre todo, a través de tristes evocaciones…

Un texto de Alberto Martínez  Embid








CORDADA ALPINA (MADRID), ESCALADA EN PLACAS.
 Vía de 200 metros aproximadamente, gran parte son IV, tiene un par de pasos en adherencia en V y una fisura en 6a, si usas la chapa para apoyar el pie sale en V. Disfrutona, larga y viene muy bien para iniciarte en escaladas de varios largos. La foto es de la red, pero el dibujo es nuestro. L1: 55 Metros, en el L3 las primeras chapas son buriles, L4 el inicio es 6a, luego una fisura donde lo difícil es avanzar dentro de ella por su estrechez. El primer rapels es de 57 metros aprox. Recomendamos subir con dos cuerdas de 60 como mínimo para poder rapelar.


Placas del Halcón (Madrid)








UN MONTAÑERO ESQUIADOR PIERDE LA VIDA EN EL PICO "LLENA DE LA GARGANTA", AL OESTE DEL ASPE.
Jaime, de 33 años, descendía con sus esquis mientras el resto del grupo utilizó piolet y crampones. El "Paso del Sárrio", en la cara sur es una lengua de nieve empinada entre dos abismos. Este lugar es peligroso y se han registrado varios accidentes mortales, sobre todo por caida de piedras.
Jaime cayo 50 metros hasta un nevero y murió enseguida según los socorristas del GREIM que recibieron autorización del juzgado para trasladar el cadaver a Jaca para realizarle la autopsia. Natural de Collado-Villalba se había instalado en Borau y tras obtener el título de Técnico Deportivo en Montaña aspiraba a convertirse en guía de los Pirineos. Lorenzo, Víctor y yo hemos ido a Borau tras escalar, hoy domingo, el corredor nordeste del Aspe, a expresar nuestras condolencias a su familia y amigos. Su perro "Norte" estaba desorientado esperando a su dueño ya por segundo día. Se lo va a llevar una amiga a su casa en Aínsa donde tiene un terreno. "Norte" estará bien allí y yo he abrazado a este noble animal cuyo rostro refleja tristeza e incertidumbre.

Jesús Vallés

  Con "Norte", el perro del montañero fallecido ayer en la LLena de la Garganta, 2.569 m






Jesús, Lorenzo y Victor en la cima del Aspe

Aspe 2.646 m. Corredor nordeste. 400 m/55º
5 de mayo de 2013. Lorenzo Pueyo, Víctor Maestro y Jesús Vallés.

Esta ruta está penalizada con una severa exposición. La pendiente nunca pasa de 55º pero en caso de resbalar, abajo nos espera un cortado de más de cien metros, una muerte segura. Hemos ido tarde, para coger la nieve más "tierna" y ya bajaban cuatro navarros que nos han explicado cómo estaba la vía. Su huella nos ha facilitado parcialmente la ascensión aunque no siempre estaba bien trazada ya que para eludir el eje de avalanchas iba muy próxima a la roca y se formaban rimayas frágiles con riesgo de romperse la nieve y lanzarnos hasta abajo. La sensación de vacio es notable y solo hemos disfrutado los últimos cien metros del corredor sobre nieve de mejor consistencia y un poco menos pendiente. Personalmente me ha impresionado tanto como la cara norte del Taillón. En el descenso por el "tubo" hemos presenciado un alud cayendo sobre nuestra ruta, una buena media docena de camionadas de nieve. Si nos llega a atrapar nos hubiera derribado y sepultado. En mi opinión hay un riesgo 3 (notable) en caras sur calentadas por el sol. El peligro va a perdurar a causa de las formidables acumulaciones de nieve que presentan los Pirineos.
Avalancha reciente

 Rampas de entrada



Descanso
 
Encima de los resaltes

Lorenzo sale al collado

Lorenzo, últimos metros

Ahora asoma Víctor

Victor, contento.
Jesús y Víctor en la cumbre del Aspe

Con Lorenzo Pueyo 










Si todas las necedades se han de tolerar, mucha paciencia será menester.
Baltasar Gracian, filósofo, siglo XVII

"UN CHELI EN LA AMAZONIA"
Hacía tiempo que no me reía tanto.





"Un cheli en la Amazonia" me ha parecido un libro mordaz e irreverente pero que te partes de risa leyéndolo y esto realmente es de agradecer. Ahí van algunas perlas del relato de Luis González "Mano Negra": Desde el autobús contemplo manadas de vacas jorobadas. Debió ser algún camello "salido" que se folló a una vaca y ha salido esta raza "cheposa". Luis González ve aplicaciones prácticas de bañarte en el Amazonas con la familia de tu mujer: Seguro que alguna cuñada estará con la regla y las pirañas la devorarán ¡una menos!
A Luis Gonzalez le ha parecido que los policias del Brasil están siempre de buen rollo: Es porqué están bien "follados", al contrario que los "maderos" de aquí que gastan muy mala leche. Sin embargo él mismo se contradice asegurando que "Todo son tópicos respecto al Brasil, en realidad allí se folla poquísimo", y algo de eso debe haber cuando él, en dos viajes que ha hecho no se ha comido un rosco, según reconoce. El mayor logró de nuestro escalador "Mano Negra" es que no le hayan robado los carteristas ni los taxistas lo hayan "sableado", y eso sí que tiene mucho mérito. El libro, prologado por otro amigo alpinista, Sebastián Álvaro, es con diferencia el libro de viajes más divertido que he leído en mi vida. Luis González "Mano Negra", eres un vividor, un granuja, un auténtico cabronazo, pero lo que hacen falta son libros así, que te estés descojonando en cada página. Lo tengo que reconocer: Me lo he pasado de puta madre leyendo "Un cheli en la Amazonia".

Jesús Vallés







CARA NORTE DEL MULHACÉN. VÍA "BACA-PINILLA"


Unos buenos amigos del sur, Andrés y Rafa, informan de su performance en la cara norte del Mulhacén, la pared de nieve y hielo más alta de España. Parece que nuestro colaborador Félix Escobar tambien escaló la pared por la ruta clásica de la cara norte que discurre muy próxima, algo a la derecha, de esta "Baca-Pinilla" acompañado de Mónica su colaboradora habitual. Felicitaciones a los dos equipos que saben mantenerse en un estupendo nivel de actividad alpinística vayan donde vayan. Personalmente he recorrido dos rutas en esta vertiente: La nordeste y la norte clásica. Las dos son bellísimas y de una dificultad parecida a la cara norte del Anayet aquí en los Pirineos. Lo más duro sin duda es llegar al pie del "Corral del Mulhacén" (circo del Mulhacén). Son diez horas andando desde Güejar-Sierra. Al otro día, despues de escalar la norte, la vuelta se te hace interminable. ¡Menos mal que te recuperas bien en los bares y chiringuitos de Granada!



Gneis de buena calidad en la norte del Mulhacén.

Buen hielo tambien.